Libertad para los presos políticos

En Managua y muchas otras ciudades y localidades del país hubo ayer manifestaciones en demanda de la libertad de los presos políticos. Las movilizaciones fueron masivas de nuevo, a pesar del clima de terror impuesto por las fuerzas represivas del régimen, que en su guerra contra el pueblo disparan sus armas a mansalva contra las personas desarmadas.

Los organismos de derechos humanos estiman que hay al menos 135 presos políticos en Nicaragua, entre ellos unas 20 mujeres, en lo que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha llamado “tercera fase” de la represión. Se refiere a la campaña de persecución, secuestros, encarcelamiento y procesos judiciales con cargos infundados y sin respetar sus derechos procesales, contra centenares de personas que participaron —o los consideran sospechosos de haber participado— en los tranques y barricadas; o simplemente en las marchas pacíficas por la libertad, la democracia y la justicia.

La comunidad internacional está horrorizada por la enorme cantidad de personas asesinadas por el régimen orteguista: 318 registradas por la CIDH y más de 400, según organismos de derechos humanos. Pero también les horroriza la campaña oficial de odio, de menosprecio absoluto a la condición y la dignidad humana de todas las personas que no son partidarias de la dictadura.

La dictadura, decimos, porque en un país donde funciona la democracia no hay presos políticos, como lo ha señalado el expresidente de Costa Rica, Óscar Arias, hablando de la situación de Nicaragua. Al respecto el filósofo político chileno Fernando Mires explica que en la democracia no puede haber presos políticos porque los tribunales no son políticos. “¿Cuándo es político un tribunal?”, se pregunta Mires. “La respuesta es obvia (responde): cuando el poder judicial al perder su independencia ha sido convertido en apéndice del poder político. Sin independencia judicial un tribunal no actúa en nombre de una Constitución, sino en el de determinadas personas”.

El filósofo chileno no menciona a Nicaragua, pero es obvio que habla también de este país, donde los magistrados, jueces y fiscales no son independientes ni ecuánimes, no actúan conforme a Derecho ni respetan los principios fundamentales de la justicia, sino que cumplen órdenes del poder político dictatorial.

Fernando Mires dice también que los dictadores creen que son amos de los destinos de los ciudadanos y así se explica por qué usan a los presos políticos como rehenes. En efecto, son rehenes de la dictadura de Ortega los líderes campesinos, activistas estudiantiles y dirigentes políticos democráticos, mujeres y varones de distintas edades y sobre todo jóvenes, que se encuentran en prisión sufriendo vejámenes y por quienes la ciudadanía digna de Nicaragua clama por su libertad.

Y reclama también que aparezcan, con vida, las muchas personas que han sido desaparecidas por la Policía y los paramilitares.

Editorial CIDH Nicaragua presos políticos archivo
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