Ejército de Nicaragua
/ Raúl Llanos

Un régimen de fuerza y violencia

El principal método empleado recurrentemente por el régimen orteguista, para sostenerse en el poder, ha sido la fuerza, la imposición, mediante el uso de la violencia.

Durante el transcurso de la campaña electoral municipal de 2008, la oposición fue objeto de numerosos ataques con piedras a sus caravanas, agresiones físicas con objetos contundentes y cortopunzantes, con saldo de centenares de heridos y muertos.

Es mediante el uso de la fuerza y la violencia, que la dictadura logra aplastar las legítimas protestas en 2008, a raíz del fraude electoral, manipulando incluso la amenaza del espectro de la guerra.

Si bien es cierto, la oposición logró prolongar las protestas por unos meses, el régimen logró controlar la crisis política, al manipular a los sectores productivos, que exhortaban el cese de las protestas, ante la necesidad de un clima de tranquilidad para desarrollar el país. A ello se sumó el interés del mercado venezolano para exportar ganado en pie, lácteos, sorgo, frijoles, etc., que planteaba a los productores la dictadura con los Acuerdos del Alba.

La estrategia de neutralización de la oposición mediante el uso de la fuerza y la violencia, utilizando a grupos paramilitares y fuerzas antimotines de la Policía, estuvo combinada con una sistemática campaña a través de los medios de comunicación oficialista encaminada a presionar para que se desmontaran las protestas, manipulando los legítimos deseos de paz como condición para alcanzar un desarrollo económico.

La figura del dictador emergió nuevamente como un mal necesario, basado en un cínico pensamiento acomodaticio de que era preferible al desorden y la anarquía.

Sin embargo, con el estallido de las protestas estudiantiles en cuatro días que estremecieron al mundo, la dictadura orteguista ha desatado una sangrienta represión, cuyo resultado son más de cincuenta jóvenes muertos, heridos, presos juveniles por delitos políticos, causando el repudio general, tornándose insostenible la existencia de la dictadura para todos los sectores de la sociedad.

El modelo desarrollista bajo una dictadura, a cambio de sacrificar nuestros derechos civiles y políticos, ya no es viable.
Pero, el régimen dictatorial insiste a través de su cerco mediático, con la misma estrategia y campaña mediática que utilizó en 2008, solo que esta vez está dirigida a desmovilizar a los estudiantes que se mantienen firmes en su protesta.

Y dentro de la línea informativa orientada a los medios oficialistas, resulta paradójico los llamados a las madres para que “sometan a sus hijos”, e impedir que se sumen a las protestas de los muchachos, pues recuerda los métodos que usaba la dictadura somocistas, procurando evitar que los jóvenes se interesaran en los problemas políticos, económicos y sociales del país.

Lo irracional de la actual estrategia dictatorial para desmontar las protestas estudiantiles, es que está empleando una táctica conformada por acciones vandálicas, montajes de autoagresiones convirtiéndose en “víctima”; otorgándole, un sentido real a su discurso de que son “vándalos”, intentando crear el condicionamiento psicológico, que permita justificar ante sus bases la brutal represión de que son objeto los estudiantes de parte de los paramilitares y fuerzas policiales.

Y mientras se ejerce la violencia estatal, paralelamente, en rotondas se “reza por la paz y la no violencia”, actividad dirigida por religiosos que con su papel legitiman la violencia ejercida desde arriba.

El autor es exmiembro Comisión Política Frente Sur, RN.

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