Concluyendo con la reflexión del señor Mántica ahora les ofrezco a continuación el final de su escrito:
“Pedro falló en lo pequeño. Pero venció en lo importante. Pedro sabe en quien se ha fiado. Por eso creo que no conoce bien a Cristo quien solo adivina en sus palabras acusación o reproche para el ÚNICO que obedeció la voz de Ven”.
“Yo veo junto al brazo tendido, la sonrisa gozosa de Cristo, con su broma a flor de labio: “Hombre de poca fe, ¿qué te pasó?” A Pedro, lempo todavía por el susto… y luego, recortada en la noche, la figura de dos hombres que abrazados como borrachos suben a una barca entre toses y carcajadas, mientras el viento sorprendido se detiene y el sol se asoma ya tímidamente para observar el relajo”.
“Comienza el tiempo de la luz”.
“Hermanos del alma, nos ha tocado navegar en aguas agitadas y de vientos contrarios. Días de obscuridad e incertidumbre. La luz es certeza y seguridad. Pero la incertidumbre es el territorio de la Fe. En cierto modo, vivimos un tiempo privilegiado”.
“Muy pocos se dan cuenta que esta es la única época en que el hombre puede tener fe. Nuestra única oportunidad de ejercerla. Llegará un día en que la fe y la esperanza ya no tendrán razón de ser y solo quedará el amor. Pero hoy es tiempo de creer y de esperar”. “Es tiempo de reconocer en la penumbra la figura y la voz de quien un día nos llamó y una vez más nos dice ‘Ven’. Es tiempo de caminar sobre el agua”.
“Tiempo de arriesgar, confiados en que el Señor vendrá al punto en nuestro auxilio, si caminamos hacia Él, en el seguimiento de su voz. El quedarse mirando las olas en vez de seguir mirando a Cristo fue el gran error de Pedro. Si alguna vez nos sucede, no tengamos reparo en gritar a todo pulmón: ‘Señor, sálvanos que nos ahogamos’. Será un grito de fe en el Salvador”.
“Y cuando algo no salga como vos esperabas, sabé adivinar la sonrisa de Cristo, y la mano tendida del Dios que corre a ti para decirte: hombre de poca Fe, ¿qué pasó mi hermano? ¿Por qué dudas? ¡Adelante! No voz de reproche sino de aliento. Adelante, que yo estoy con ustedes todos los días hasta la consumación de los siglos”.
Invocación. “Señor de las sonrisas que desde lo alto te ríes de tus enemigos, Príncipe de la Paz, mago divino que haces aparecer y desaparecer imperios; que soplas tu aliento y renuevas todas las cosas, retiras tu aliento y perecen; te pedimos por mediación de María, madre de Dios y de todos nosotros, pecadores, que nos permitas avanzar hacia ti, aún en medio del oleaje, llevando con nosotros a los que llenos de miedo, no alcanzan a ver más que fantasmas. Brille tu rostro sobre ellos, en esta cuarta vigilia porque tuyo es el Reino, el Poder, la Gloria y la Alabanza, Salvador del mundo que vives y reinas por los siglos, ¡Aleluya!” Carlos Mántica Abaunza.
El facilitador de esta reflexión, así como su autor, son miembros del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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