Nicaragua, como un país de rostro joven, donde casi la mitad de su población es menor de 18 años, no puede darse el lujo de excluir de los planes y programas de estudios la educación de la sexualidad, ya que también registramos una de las tasas más altas de embarazo en adolescentes.
Las estadísticas sanitarias demuestran una creciente incidencia de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), especialmente entre los jóvenes, y si bien el VIH/Sida no ha alcanzado en Nicaragua las cifras de expansión que ya ostentan otros países centroamericanos, tiende a crecer a un ritmo cada vez mayor.
Lo que produce confusión, y crea suspicacia, es que se habla de “educación sexual”, cuando el término correcto es “educación de la sexualidad”, que es muy diferente a lo que la gente se imagina cuando se le habla de “educación sexual”. La educación de la sexualidad trata de brindar a jóvenes y adolescentes una formación integral sobre sexualidad basada en criterios científicos, éticos y morales que favorezcan su desarrollo humano. Este es el término que utilizan la Unesco y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
En el Plan Nacional de Educación 2001-2015 se estableció la incorporación al currículo de varios ejes transversales relacionados con la igualdad de género, el medioambiente, educación en población y de la sexualidad, derechos humanos, gobernabilidad, cultura de paz, lenguas, creencias y tradiciones.
Desafortunadamente, este plan no se puso en práctica porque nunca se elaboraron los planes operativos para llevarlo a la realidad.
En mi opinión, el Ministerio de Educación debería asumir con seriedad su compromiso en el campo de la educación de la sexualidad. Para tal propósito, sería conveniente recuperar la Guía elaborada en 2006 por una comisión que contó con la asesoría técnica del UNFPA. El documento se intitula “Guía de Educación del Afecto y de la Sexualidad”. Fue elaborado en el tiempo en que el ingeniero Miguel Ángel García se desempeñó como ministro de Educación. El Consejo Consultivo, para la redacción de la Guía, estuvo integrado por las siguientes personas: Felipe Mántica Abaunza, doctor Pedro Pablo Villanueva (por el UNFPA), monseñor Eyleen Castro, Josefina Vannini, Debora Comini, Eva Sacasa, licenciado Carlos Emilio López, doctor Edmundo Mendieta (q.e.p.d.) y Alta Hooker. Quien estas líneas escribe actuó como coordinador del Consejo Consultivo.
La Guía es un texto para docentes de los niveles de educación primaria y secundaria. Claramente advierte que su destino es sensibilizar a los docentes con el propósito de “enriquecerlos en su comprensión y manejo del tema y brindarles pautas y argumentos para que puedan orientar a los alumnos y padres de familia”.
La Guía es un texto bien logrado, que hace alusión a los valores morales y reconoce que la educación de la sexualidad compete a la familia y a la escuela, pues el desarrollo sexual se manifiesta en ambos ámbitos. De manera categórica la Guía afirma: “Esta Guía no invade los derechos y deberes que tienen los padres y madres de familia en la educación de sus hijos”.
La necesidad de introducir en los planes de estudio la educación de la sexualidad es reconocida a nivel mundial, tanto por el hecho real de que los padres de familia, por razones culturales, o pudor mal entendido, no suelen abordar estos temas con sus hijos, como por el fenómeno de la creciente erotización de las sociedades, todo lo cual deja a los adolescentes desprotegidos ante riesgos evidentes que hoy día enfrentan, y sin los conocimientos, valores éticos y morales para hacerles frente.
La Guía comprende diez temas: 1. El concepto de educación de la sexualidad; 2. Pedagogía de la sexualidad; 3. Ser hombre, ser mujer; 4. Amor y sexualidad; 5. Adolescencia y niñez en situaciones de riesgo; 6. Las relaciones de amistad, pareja y familia; 7. Paternidad y maternidad responsables; 8. Prácticas contra la integridad básica y la vida. Prevención de la violencia doméstica; 9. Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y el VIH/Sida; y 10. Toma de decisiones y proyecto de vida.
El Ministerio de Educación debería de asumir su responsabilidad en el campo de la educación de la sexualidad, para beneficio de nuestros jóvenes y adolescentes. La Guía antes aludida le puede ser útil. Los ejemplares impresos fueron embodegados en 2007.
El autor es jurista y catedrático.