El caso del campesino Juan Rafael Lanzas Maldonado, es un ejemplo terrible y dramático de crueldad, que según psicólogos y psicoanalistas constituye un rasgo exclusivo de la especie humana. Ni las más feroces bestias selváticas dan muestras de crueldad.
Lanzas, de 38 años de edad, estaba en perfecto estado de salud cuando una fuerza policial lo tomó preso a las 4 de la madrugada del 29 de diciembre del año pasado, en su casa de habitación ubicada en el área rural del municipio de Matiguás, departamento de Matagalpa. Los policías lo acusaron de haber cometido un robo y durante su captura lo golpearon brutalmente, lo siguieron maltratando en la cárcel y lo encerraron en un retrete, en condiciones infrahumanas.
El 11 de enero Lanzas fue hospitalizado de urgencia y el 25 le amputaron los pies. Ya mutilado, Lanzas fue dejado en libertad el 18 de febrero al comprobarse que era inocente del delito que le habían achacado. Pero aunque hubiese sido culpable, por su condición de persona humana con dignidad y derechos inalienables Lanzas no debió haber sido tratado con la crueldad que él mismo ha denunciado ampliamente y cuyas dolorosas consecuencias son visibles e innegables.
También los psicólogos y psicoanalistas afirman que la crueldad “es una violencia para hacer padecer a otros sin conmoverse o con complacencia”. Y agregan que la crueldad es “la ausencia de compasión que alguien manifiesta con respecto al sufrimiento de sus pares y prójimo, y aún más, se deleita con el padecer del otro”.
A esa degradación de la condición humana en el poder, se ha llegado en Nicaragua con el actuar de las fuerzas represivas, como consecuencia de que se ha partidarizado, sectarizado y deshumanizado a los cuerpos armados que ejercen funciones de represión. Aunque es preciso señalar que no solo los capturados por motivos políticos, y los alzados en armas contra el régimen orteguista, sino cualquier persona, pueden ser cruelmente maltratados. Tal es el caso de Juan Lanzas, quien no fue capturado por causa política sino por la sospecha de que había cometido un delito común, que sus captores, actuando contra la ley, daban como un hecho sin haberlo detenido en flagrancia y sin que la autoridad judicial hubiera dictado la orden de detención correspondiente.
Pero no solo la crueldad es un rasgo de la condición humana. También lo es la compasión, que según el diccionario de la RAE es el “sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien”.
En sentido cristiano, la compasión significa compartir espiritualmente la desgracia y el dolor de otro, procurándole consuelo para aliviar su dolor. Tal ha sido la actitud de los obispos de la Iglesia católica, Silvio Báez y Rolando Álvarez, quienes alzaron sus voces junto a la comunidad democrática para condenar el trato cruel e inhumano contra el campesino Juan Lanzas. Monseñor Álvarez, en su carácter de obispo de Matagalpa fue hasta el lugar donde se encuentra Juan Lanzas —convertido en un despojo humano por sus crueles verdugos y lamentando una desgracia que no merecía—, para testimoniarle su afecto y prodigarle auxilio espiritual.
El pueblo “debe alzar su voz y exigir justicia en este acto delictivo”, clamó indignado el obispo Álvarez. Por su parte monseñor Silvio Báez escribió en su cuenta de Twitter que la brutal violencia policial que irrespeta continuamente los derechos humanos es una vergüenza para Nicaragua.