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Oscar Chavarría

Necesito encontrarme con Jesús

Hoy más que nunca los cristianos necesitamos tener un encuentro personal y vivo con Jesús. Es imperioso renovar, o al menos, tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de buscarlo cada día sin descanso.

El encuentro personal conlleva el considerar al otro tan persona humana como yo y, por lo tanto, como alguien que se merece mis respetos y mis consideraciones. El otro, como nos dice San Pablo, en la segunda lectura, es “Templo del Espíritu Santo” (1 Cor. 6, 19) y debemos respetarlo sin pretender manipularle y hacerle objeto de nuestros gustos o caprichos. Tener un encuentro personal es darle sentido a la vida pues es una realidad personal y requiere un compromiso personal.

Juan el Bautista, provoca un encuentro personal de dos de sus discípulos con Jesús: al ver pasar a Jesús les dice: “Ese es el cordero de Dios” (Jn. 1, 36).

Los discípulos, gente inquieta, se lanzan al encuentro con Jesús (Jn. 1, 39). Y Jesús se les hace el “encontradizo” y les invita a compartir con Él. Ese encuentro personal con Jesús duró todo el día (Jn. 1, 38-39) y fue tan fructífero para los discípulos de Juan que empezaron a creer en Jesús y decidieron seguirle y ser misioneros para que otros también creyeran, como lo hizo Felipe, el hermano de Simón Pedro (Jn. 1, 40-42). Toda vocación verdadera se inicia con un encuentro con Jesús.

La verdadera fe, no es un encuentro con simples ideologías. No es un encuentro con ritos o cosas religiosas. En la vida de Jesús hubo mucha gente que solo buscaba en él cosas religiosas o “milagritos”; pero nunca creyeron.

La verdadera fe tiene su origen en un encuentro con Jesús. Muchos de nuestros cristianos, más que un encuentro personal con Jesús, lo que han tenido es un encuentro con cosas religiosas. La verdadera fe, sin embargo, debe ser siempre un encuentro personal con Jesús que conlleva un serio compromiso en el seguimiento a Jesús hasta el punto de cambiar nuestra vida y convertirnos en auténticos misioneros, como lo hicieron los discípulos de Juan el Bautista.

En los evangelios vemos que Jesús tuvo muchas experiencias de diálogo con diferentes personas y la vida de la gran mayoría de esas personas, que tuvieron un contacto directo y personal con Jesús, les cambió por completo. Respecto a esto, quiero afirmar con toda seguridad en mi corazón que es sumamente importante que nosotros los católicos entendamos esto: Si no logramos tener una experiencia personal de Dios, será muy difícil para nosotros entender el plan divino.

Los cristianos de hoy tenemos que darle lugar a este momento de encuentro con Cristo, el mismo encuentro que también vivieron los primeros discípulos, una experiencia tan dinámica y profunda que les estremeció la vida y nunca más fueron los mismos. El verdadero discípulo de Jesucristo es aquella persona que ha tenido este encuentro con Jesucristo, de tal manera que su vida, a partir de ese momento, jamás vuelve a ser la misma de antes.

Solo ese encuentro con Jesús es capaz de arrancar, en verdad, la fe y hacernos cambiar de vida. Por eso le digo al Señor con fe: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”.
El autor es sacerdote.

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