La Conferencia Episcopal nos habló en su último mensaje sobre las elecciones municipales del 2017. Como siempre, fue interpretado de ambos lados por cuánto su llamado nos orienta más hacia valores espirituales que directamente electorales y esto facilita que el cristal político haga su trabajo manipulador.
En el hombre existe buena y mala levadura que puede crecer dependiendo de cuál se alimenta más. Aquí entra en juego la calidad del líder que induce a su rebaño por el bueno o mal camino. Como todos sabemos, en el espectro sociopolítico nicaragüense tenemos más líderes malos que buenos y es importantísimo destacar el contundente liderazgo positivo que asumió la Conferencia con su mensaje.
Reflexionemos frente al liderazgo político. El sector orteguista llama a votar, lo cual es su derecho aunque no sea moralmente ético, y aquí comienza la polémica. ¿En base a qué me atrevo a juzgarlo antiético? En base a las normas tradicionales de qué es correcto. En base a la referencia del mensaje Episcopal del 2014 orientando que la deshonestidad electoral también es pecado. La deshonestidad es gradual y alcanza un punto en que resulta inaceptable en lo político, social y espiritual, transversalmente. Permítanme ejemplificar.
Si usted señor o señora orteguista, conducida por su fe, tiene un hijo en primaria y su maestra le dice que no es malo copiarse en el examen porque tiene derecho a defenderse o que le saque dinero de la cartera si usted no le quiere dar, ¿estaría de acuerdo? Si su hijo crece hasta convertirse en médico y algún profesor le aconsejara que de vez en cuando haga un falso diagnóstico para operar a un paciente sano y durante la operación se le muere, ¿estaría de acuerdo? Si es así, su hijo será un delincuente y pecador al mismo tiempo. Igualmente, colaborar con votaciones fraudulentas es alimentar la deshonestidad personal, la descomposición y confrontación social.
La deshonestidad va creciendo hasta provocar daños devastadores en otras personas, y es aquí donde los obispos llaman pecado un acto político premeditado y masivamente deshonesto, provocador de asesinatos, odio y daños sociales, como lo han hecho las elecciones fraudulentas anteriores.
El otro liderazgo a mi juicio es peor. Aquellos “opositores” que dicen que son fraudulentas pero hay que jugarlas. La diferencia es que los primeros —aunque deshonesta— tienen una base ideológica, estos además tienen voracidad materialista con el agravante que como líderes saben que están traicionando de antemano el verdadero sentir y esperanza de sus bases, gente sincera que no logrará nada con participar, más que llenar bolsas ajenas. Una versión alternativa de este grupo alega que deben defender las posibles Alcaldías que “ganarán”. Este grupo, por ver el árbol en sus narices no quieren ver el bosque que hay detrás ni el daño que le provocan. Para ellos, la ética política es un lastre innecesario y el beneficio social general un obstáculo a sus intereses personales.
La condición de persona y ciudadano pasa por construirnos un criterio propio que filtre los cantos de sirena y nos permita identificar y rechazar manzanas prohibidas. Por otro lado, si los políticos opositores quieren esgrimir argumentos positivos para el pueblo, primero deben sustentarlos con una gran dosis de ética y valores sociales; segundo, deben empoderarse con la certeza que están del lado correcto de la historia para tener el valor de defenderlos; y tercero, deben gritarlo a los cuatro vientos para motivar hasta el último campesino que está siendo reprimido en las montañas. Este es el mejor camino, aunque algunos lo malinterpreten como extremismo de todo o nada. Mientras tanto, no debemos votar.
El autor es administrador de empresas.