Iglesia católica
Manuel Saavedra Marcos

Crisis de representatividad política

El año pasado leí una entrevista realizada al filósofo español Eduardo Nolla por su publicación Alexis de Tocqueville. Libertad, igualdad y despotismo, sobre la crisis de representatividad política en las democracias, muy vigentes, por cuanto explica E. Nolla, ya no hay relación entre la realidad y la ficción (proyectos emblemáticos irrealizables), lo público ha desaparecido institucionalmente (convertido en sectario), la verdad es imposible de descubrirla (secretismo), hay falta de interés por lo político (el yo que pierdo) y prevalece una obsesión por el bienestar material (industrialización, nuevos valores pseudo-esenciales).

La crisis de representatividad comenta el articulista, se desarrolla en, desde la libertad reducida en dictaduras, a sociedades con libertad de elección, pero inmersas en apatía política. Nicaragua mantiene una crisis de representatividad política.

Nolla origina su publicación en el libro La democracia en América (EE. UU.), del pensador liberal francés Alexis de Tocqueville, hijo natural de la revolución francesa, cuyos pensamientos permanecen vigentes después de 200 años. Mucho se avanza en formas; poco en el enriquecimiento social. Las personas crecen y son más devotas de su intelecto que de su corazón.

Los tópicos esenciales de Tocqueville, en el análisis de Nolla, son la igualdad y la libertad, conceptos trillados y retorcidos, por uso de muchos políticos y privados y afines, provocando crisis de representatividad política.

Cuando se está inmerso en condiciones de vida exigentes, se experimentan vivencias estimulantes que potencian los pensamientos sinceros por la igualdad social; Tocqueville manifiesta que ese pensamiento de igualdad, por su esencia noble, fuerza y forja la historia en sí misma, erigiéndola a la vez, como génesis e hija de la democracia. Muchos la consignan como él la llama, el portentoso carácter de Voluntad del Supremo Maestro y advierte y sentencia que, los procesos sociales que con esta idea se abanderan, provocan la idea: “Querer detener la democracia, parecerá entonces luchar contra Dios mismo”.

Ante tal condición antimesiánica, sumando la apatía ciudadana, Tocqueville se alarma al expresar, “los hombres prefieren ser iguales a ser libres”. Ningún gobierno debe permitir esta condición ciudadana, de aceptar su inmovilidad social, con tal de gozar en paz sus bienes.

Los papeles soportan todo escrito y la Constitución de la República, con todo respeto, está escrita en papel. Tocqueville dice, no basta con lo escrito, hay que respetarlo y trabajarlo, pues en ella estarán muchos derechos, pero sin la práctica, no nos sentiremos ni libres ni Iguales.

Saber cuál es tu rol en la construcción de tu sociedad, es vital. Nolla atribuye la apatía política, a la gestión de malas democracias.

Tocqueville dice que nuestra dinámica política debe ser de todos los días, de lo contrario, al final, solo se eligen tiranos. Hay que participar en la política, si no, no eres un ciudadano, eres un súbdito. En una democracia el pueblo es participativo; si no lo es por desafecto, desidia o impedido, no hay democracia. En una elección, hay que incorporar elementos no igualitarios de interés de cada ciudadano. Es una gigantesca tarea, que dice, no cualquiera tiene derecho a ser político y orientar a un país.

Tocqueville fue impactado personalmente por la revolución francesa. Nolla dice, impresiona que no solo rescata experiencias por hechos políticos, sino, además de los hábitos de mente, también los del corazón.
Tocqueville establece que la igualdad está del lado de la mente y la libertad, del sentimiento. Lo primero nos lleva a la igualdad de oportunidades, de derechos y, ante la ley. La libertad es una sensación que pertenece al corazón y no solo comprende el desplazamiento físico, sino también, experimentar que uno es capaz de sentirla, al participar construyendo una sociedad. Un buen sistema político, comprende estas dos portentosas identidades.

Existen democracias disfrazadas; Tocqueville las llama democracias despóticas, muy dañinas de la representatividad política. En estas, hay libertad para desplazarse, pero políticamente, los individuos están cada vez más aislados, con escasas acciones y en donde grandes cuestiones de la vida no tienen respuestas; nunca han aprendido a resolverlas.

En ciertos sectores dominantes, la libertad es solo no limitar iniciativas materiales. Peligroso, por cuanto cuando la libertad se transforma en una simpleza de posibilidades de elección, por cosas materiales o la simple disyuntiva si votar o no, lo que estamos haciendo, es transformarla en un elemento que guarda relación con la Igualdad, pero no con libertad.

Tocqueville: “En una democracia no predomina un solo principio; la democracia que es la igualdad necesita desigualdad”. “El absolutismo, el despotismo vienen cuando un solo principio se impone sobre los demás. Para que la sociedad esté viva, tiene que haber discusión, oposición, desorden”.

El mundo cambia, no somos infalibles dice Nolla: “La libertad en una democracia es una dialéctica de opuestos, no existe síntesis. Eso genera discusión, y la discusión es buena porque genera libertad; y eso, a su vez, genera política”. En cambio, cuando no existe, “los problemas políticos se transforman en problemas personales”; de ahí, la sensación ciudadana de abandono, tristeza, miedo y retraimiento.

Tocqueville: “El despotismo en reinados, lo que hacía era meterte en la cárcel, torturarte, controlaba tu cuerpo, y tú podías seguir pensando lo contrario; el despotismo contemporáneo, controla la mente, puedes pensar y actuar distinto y seguir viviendo, pero estarás aislado si no te asimilas mentalmente a las masas; al hacerlo, no vives, porque por principio no haces lo que hay que hacer, no piensas lo que hay que pensar, no comes lo que hay que comer; y no perteneces”.

E. Nolla: “Vencer el despotismo contemporáneo es más peligroso, porque exige una rebelión individual, y eso es mucho más difícil que una revolución”.

La entrevista fue realizada por el periodista Juan Rodríguez M, de El Mercurio, Chile.

El autor es ingeniero civil.

Opinión Elecciones municipales archivo
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