Lo que está ocurriendo en Nicaragua con las elecciones municipales es tan macabro que si sus consecuencias no fueran tan funestas, daría risa.
Porque los que, en su momento, apoyamos la Autonomía Municipal y la realización de elecciones municipales en distinta fecha de las presidenciales, fue porque deseábamos para nuestro pueblo una democracia participativa en la que cada ciudadano tuviera la oportunidad de escoger libremente a sus autoridades (alcaldes y concejales) y no como ocurría en el pasado y como se pretende siga ocurriendo hoy bajo el dictatorial gobierno de los Ortega-Murillo, en que el dedazo del caudillo y dictador de turno es el que nombra a las autoridades locales en función de sus intereses personales y de su camarilla y no como corresponde, en función de los intereses de toda la ciudadanía. Es obvio que bajo este anacrónico sistema el ungido a quien rinde cuentas de su gestión es a su benefactor y no al pueblo, que es quien sufre las consecuencias.
Consideramos, por aquel entonces, que en una democracia es el propio pueblo quien tiene el derecho a escoger sus autoridades mediante elecciones libres, justas y honestas; que es el que conoce mejor a la gente que puede representarlo más dignamente ante las instancias nacionales e internacionales; y que es quien mediante el pago de sus impuestos no solo contribuye al mantenimiento de la alcaldía sino que estará vigilante de que los fondos que se recauden sean honestamente administrados y redunden en el beneficio colectivo.
Pero, está ampliamente demostrado que el FSLN desde que asumió el poder en 1979 y ahora bajo la dictadura de los Ortega-Murillo su único propósito ha sido ir destruyendo paso a paso lo poco que en materia democrática habíamos avanzado. Por eso estamos como estamos, siendo uno de los países más atrasados de América Latina.
Esto último no nos sorprende porque sea que antes se cobijaron bajo la sombra del marxismo-leninismo, luego con su corporativismo se les ubicó como neo-fascistas y ahora no sabemos por dónde andan, la verdad es que a la conclusión a que muchos hemos llegado es que el FSLN sencillamente es un grupo de aventureros que asaltaron el poder y muy cazurramente valiéndose de la corrupción que permea a todas las instituciones del gobierno; aparte del Cosep y de las entidades religiosas; y hasta el Ejército y la Policía; han terminado por convertir a las elecciones nacionales y municipales, para unos en un gran circo y para otros en una función de Polichinelas, con sus payasos y títeres a granel medrando por todos lados.
Y es entonces cuando muchos, que no tenemos la suerte de estar en nuestro país, nos preguntamos: ¿Y realmente, existen partidos políticos de oposición a la dictadura imperante en Nicaragua? Si no hay garantías de que se va a respetar el voto ciudadano; si ya se sabe con antelación que quienes van a nombrar a los alcaldes y concejales son la pareja Ortega-Murillo, en connivencia con los corruptos magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE); si lo que la OEA está haciendo en Nicaragua más se parece a un paseo turístico —con su guía principal el señor Renco— que una observación electoral; y si todo esto está ocurriendo descaradamente, ¿de qué elecciones estamos hablando? ¿Estará usted dispuesto, estimado lector, a ser cómplice de una farsa electoral con la que los actuales mandatarios pretenden una vez más, seguir burlándose impunemente del sufrido pueblo nicaragüense?
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).