Norman Caldera

El magro resultado de la OEA

El otoño pasado el secretario Almagro ofreció la OEA para frenar al Nica Act, como parte de un combo que incluía, el despilfarro de los magros recursos del pueblo nicaragüense consistentes en medio millón de dólares para que un cabildero demócrata, el exrepresentante Richard Gephart, tratase de cooptar la acción del Congreso norteamericano, y por otro lado el secretario general vendería al Departamento de Estado y la Casa Blanca su habilidad negociadora, ofreciendo convencer al comandante para que abriera espacios a la democracia. Pero la gestión del cabildero demócrata, calculado pensando en la eventual victoria de la señora Clinton, estaba condenada al fracaso desde el momento en que ganó Trump.

El magro resultado de la OEA en Venezuela, no ha convencido a Washington para ameritar desembolsos adicionales para su misión en Nicaragua, salvo quizás algún aporte tardío vía testaferros. ¡Demasiado poco, demasiado tarde!

Si a eso le sumamos la solicitud de Nicaragua de apoyar al presupuesto del Consejo Supremo Electoral, es obvio que el rol de la OEA ha sido menospreciado por el gobernante, vilipendiado por la oposición, calificado como fracaso por los diecinueve países miembros de la OEA y devaluado por la escasa gestión de dos secretarios generales incapaces de defender la Carta Democrática.

Por momentos pensé que el cabildeo de Roberto Argüello Osorio con mucho mejor visión y menor costo, podría obtener resultados económicos positivos para Nicaragua, puesto que Arturo Estopiñán conoce muy bien a los autores principales del Nica Act, y ha estado bien situado en el “establishment” republicano como para conseguir apoyo en el Congreso. Sin embargo, esa gestión solo logró sembrar la duda en un representante de Texas que al final se plegó a la unanimidad.

Si a esto sumamos las acusaciones del doctor Róger Noriega, entre otros, ante el Congreso norteamericano sobre la falta de transparencia en la gestión de Albanisa y su posible contaminación con “lavado” Pevedésico, vemos que el fuego en pro del Nica Act recibió considerables alientos. Sus gestores, Ted Cruz e Ileana Ros-Lehtinen anunciaron esta semana nuevos impulsos en el Senado.

Finalmente, parece que la OEA se ha convertido en experto en dispararse en su propio pie, porque la designación del señor Penco, varias veces acompañante y comparsa del desaguisado electoral en Nicaragua, no ha matado ningunos de los dos pájaros que Almagro pensaba conseguir de un tiro: la pareja gobernante no se traga el señuelo de un observador invidente como Caballo de Troya y; por el contrario, esa infortunada designación sirvió para desacreditar las gestiones de Argüello en Washington.

Sobre la designación del señor Penco, incapaz de ver anomalías en las votaciones aún por contarse en el 2006, y todas las subsiguientes, cabe la misma pregunta que el papa Francisco le hizo a Obama sobre su relación con Cuba: ¿Qué le hace pensar al señor secretario general que seguir designando amigos del gobernante como árbitros parcializados, va a conseguir resultados diferentes a los del pasado? Dante Caputo, igualmente aliado de Ortega, pero con la experiencia diplomática de la cancillería argentina, se quejó de los siete círculos pero no fue capaz de colgar el título de “Inferno”. Su informe de Misión permanece torpemente engavetado por el mismo señor secretario general.

La oposición venezolana acusa a su Consejo Electoral de aprender mañas y fraudes del nuestro y tras el retroceso en Venezuela, el secretario declaró que: “Cualquier fuerza política que acepta ir a una elección sin garantías se transforma en instrumento del eventual fraude”.

¿Será que la observación de esta OEA ya no es suficiente garantía? Antes de Insulza no habían dudas, ahora, señor secretario, cualquier organismo de observación electoral que acepte “acompañar” elecciones sin contar con el tiempo y los medios técnicos para detectar anomalías graves, se convierte en el principal instrumento del eventual fraude.

El autor fue canciller de la república, representó a Nicaragua en cinco Asambleas Generales de la OEA.

Opinión OEA archivo

COMENTARIOS

  1. el carolingio
    Hace 9 años

    Es de idiotas querer hacer lobby con los gringos, como si estos se dejarán fácilmente convencer con algo que es tan obvio en Nicaragua. Los orteguistas quieren que todo siga igual, haciendo las barbaridades de violaciones a los derechos del pueblo. Para que sepan y aun no lo mencionan los europeos, pero tampoco ven con buenos ojos las arbitrariedades de Ortega. No, no solo es Maduro

  2. Pepe Turcon
    Hace 9 años

    En pocas palabras la marea ya cambió al punto que el gobierno de turno, sea este quien sea, va a cambiar y pronto. Roberto Arguello es un buen oficinista en un banco local en Miami, el Northern Trust y para ganarse unos dólares extra hace mandados.
    Más bien, al ver a Roberto Arguello hacer mandados les convence a todos los políticos norteamericanos darse cuenta que lo contrario a lo que anda vendiendo, es lo que hay que hacer. Vienen a cómo se dice «de vuelta».

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