Querida Nicaragua: se llamaba don Magdaleno Sevilla y había visto 82 inviernos cayendo a torrentes en las montañas y precipitándose en los afluentes del río Coco que en esos tiempos era navegable en invierno y verano.
Historia viviente era aquel hombre cuyos brazos coyundosos todavía manejaban con destreza el hacha y el machete al tiempo que ordeñaba veinte vacas cada día, vacas ajenas decía. No le gustaba ser dueño de finca ni ser patrón. Los patrones son esclavos, decía, tienen que estar pendientes de pagar préstamos en los bancos y de estar pagando planillas a los mozos. Yo prefiero trabajar libre, cuando quiera y donde quiera. Lo único que tenía era su mulita en la cual recorría los caminos entre aquellos pueblos llenos de pinares. Ahí lo conocí yo y ahí siendo adolescente pude platicar con él.
“Mire amigo, me dijo, no se ande metiendo en política que va a salir quemado, siempre llevará las de perder. Ahí solo ganan los grandotes, los más tragones, al final de las elecciones ni lo conocen a uno ni lo vuelven a ver siquiera, no le resuelven ningún problema, si usted los busca se esconden para no recibirlo, así ha sido siempre la política amigo”.
Don Magdaleno me hablaba de cuando era joven, es decir de sus tiempos, pero me decía que la política de ahora es la misma, el sistema es el mismo.
Aquí no hemos podido crear un sistema democrático donde la política deje de ser eso de que hablaba don Magdaleno. Igual que ahora, en tiempos de don Magdaleno sus amigos y compadres lo andaban siguiendo convenciéndolo para que votara por determinado candidato, a todos les decía que no, porque tenía en la mente lo que la historia de Nicaragua le enseñaba. Desde la revolución del 93, del general José Santos Zelaya, la historia le decía que Zelaya se reeligió tres veces y que en esas elecciones los candidatos era José, Santos y Zelaya, cualquiera de los tres que ganara era el mismísimo general Zelaya.
Había peleado en varias batallas y siempre al lado del partido liberal. Ponía el episodio del asesinato de Sandino como una muestra clarísima de lo que es la política en Nicaragua. Sandino era patriota y liberal, valiente y arrojado como ninguno, decía, pero en política era ingenuo, un hombre bueno, confiado en la palabra de los que mandaban.
¿Cuál fue el resultado de la ingenuidad de Sandino y de los políticos que lo acompañaban? La traición, la muerte minutos después de haber cenado con el presidente Sacasa que en realidad no mandaba nada porque las “cañas huecas” las tenía Anastasio Somoza García. ¿Quién mató a Sandino, decía don Magdaleno? Lo mataron los guardias por orden de Somoza, pero lo mató también la política, se metió a jugar política sin saber el laberinto de perversidades que esta tiene, al menos en Nicaragua. A mí ya nadie me busca para que vote por algún candidato porque saben que desde hace años no voto por nadie, porque aunque mi voto lo marque en una boleta a la hora de llegada, cuando lo cuenten lo van a poner a nombre de quien quiera ponerlo el gobierno.
Cuando llegó el terremoto revolucionario del 79 ya don Magdaleno había volado hacia la otra vida, me lo imagino con alas pues nunca supe que le hiciera un mal a nadie, todo lo contrario, en todos esos caminos tenía fama de ser curandero y con raíces, hojas, cáscaras y mieles sanó las enfermedades de mucha gente.
Quise recordar hoy a don Magdaleno Sevilla para que no nos extrañemos de la apatía de la gente por ir a depositar un voto que no elegirá a la persona que ellos quieran, sino que engrosará una de tantas urnas preñadas. No le pidamos peras al olmo. Este pueblo vota masivamente cuando comprueba que hay garantías, limpieza, observadores auténticos, padrón electoral en orden y cumpliendo sin engaños la ley electoral vigente.
El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.