Cuando en el 2009, el Gobierno decidió crear un aparato para manejar el beisbol superior como un proyecto separado de la Feniba, algunos directivos reaccionaron con molestia. Fue entonces cuando Nemesio Porras vislumbró las oportunidades para el beisbol infantil.
Desde entonces, Porras ha concentrado sus esfuerzos en esa dirección y contando desde el 2010 hasta ahora, los niños nicas han conquistado 19 medallas panamericanos, entre ellas seis de oro (campeones), que muestran la innegable evolución del beisbol menor de nuestro país.
Esa es una producción sin precedentes y desde un rubro que ni siquiera recibía atención en el pasado, probablemente porque no genera dividendos. Sin embargo, ahí se ha establecido la base para el beisbol del futuro, que debe traer, además, buena cantidad de prospectos.
En este proceso, además del respaldo gubernamental, ha sido clave el cambio de estilo con que Nemesio ha operado la Federación. Se pasó de activistas que manejaban los equipos a técnicos capacitados, la mayoría en el extranjero, con una mentalidad distinta al pasado.
Se está creando una cultura ganadora. Ya los chavalos salen a competir, no a participar, y van pensando en la medalla de oro. Y no reparan en que si el rival es Cuba o EE. UU. Ellos ven una batalla de nueve contra nueve. No se ven así mismos con un sentido de lástima.
Claro, queda mucho por hacer y sobre todo en los niveles juveniles y mayores. De los 15 años en adelante, ahí no hay medallas y lo más meritorio, es un cuarto lugar en el Mundial Sub21 en Taiwán en 2014 y un sexto puesto en México en 2016.
Porras cree que hay oportunidad de crecer en esas categorías y por ello se ha atrevido a solicitar la sede del Mundial Sub23 del 2018, algo que intentará asegurar esta semana en Botswana, África, donde sesionará la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol.