Desde que se comenzó a estudiar la conexión entre clases sociales y sistemas políticos, se comprobó que las clases medias constituyen la principal base social de la democracia. De manera que una de las causas y explicaciones de la crisis de la democracia en Nicaragua y del predominio de la dictadura de Daniel Ortega, se podría encontrar en el debilitamiento que le han provocado a las clases medias nicaragüenses.
En el reportaje La sufrida clase media en Nicaragua, publicado en el suplemento Domingo de LA PRENSA del pasado fin de semana, se puede ver con claridad que los países que tienen clases medias grandes y fuertes sus democracias son también vigorosas. Tales son los casos, en América Latina, de países como Uruguay, Chile, Argentina y Costa Rica, que por tener grandes clases medias sus instituciones democráticas son igualmente robustas y sólidas. En cambio, países con clases medias débiles, como Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, tienen una democracia precaria o que prácticamente no funciona, como es el caso nicaragüense.
Está comprobado que entre más pobre es la gente menos le interesa la democracia. Solo cuando sus necesidades básicas están cubiertas la institucionalidad democrática pasa a ser una de sus preocupaciones.
La democracia, dice el enciclopedista político ecuatoriano Rodrigo Borja, “es un concepto compuesto de realidades y de ideales… Esa debe ser, además, una forma de vida y de convivencia, una conducta, un hábito de la gente. Se debe enseñar a los niños, desde la más temprana edad, a que sean demócratas, del mismo modo que se les enseña a que sean limpios y tengan buenas costumbres”.
La educación es un factor esencial para la existencia de la democracia y las clases medias se distinguen por ser mejor educadas que la gente más pobre. Muchas personas de clase media pasan por las universidades y “la gente educada no puede ser embaucada”, como ha dicho Mario Vargas Llosa.
Por eso es que en la estrategia de Daniel Ortega para perpetuarse en el poder han sido muy importantes la degradación de la educación pública en todos los niveles y el debilitamiento de las clases medias. En Nicaragua, dice el sociólogo sandinista disidente del orteguismo, Oscar René Vargas, en el reportaje de Domingo antes mencionado, “la clase media casi ha desaparecido”.
Sin embargo, que las clases medias sean la principal base social de la democracia no significa que la gente más pobre no se pueda interesar en la democracia ni sumarse a los esfuerzos y las luchas por conquistarla y defenderla. La verdad es que bajo determinadas circunstancias las ideas de la democracia pueden calar en la conciencia de los sectores más empobrecidos de la sociedad, que de esa manera pueden apoyar a las clases medias en la lucha por construir o defender las instituciones democráticas.
Venezuela es un ejemplo de eso. Muchos venezolanos pertenecientes a las capas más pobres de la sociedad, que formaban parte de la base del chavismo por sus programas clientelistas, en la crisis generalizada que sufre el país y ante la pérdida de los beneficios populistas han cambiado de bando. Y ahora respaldan a la oposición que lucha heroicamente por la restauración de la democracia.