ajuste fiscal, Nicaragua

Economista Adolfo Acevedo. LA PRENSA/ARCHIVO

El Banco Mundial y el crecimiento de Nicaragua

El Banco Mundial ha reconocido que el patrón de crecimiento de Nicaragua se sustenta, fundamentalmente en el crecimiento de la fuerza de trabajo, debido al incremento en la población en edad de trabajar en la población total (bono demográfico) y al aumento en la participación laboral femenina (bono femenino)

El Banco Mundial ha reconocido que el patrón de crecimiento de Nicaragua se sustenta, fundamentalmente en el crecimiento de la fuerza de trabajo, debido al incremento en la población en edad de trabajar en la población total (bono demográfico) y al aumento en la participación laboral femenina (bono femenino), más que en el  crecimiento de la productividad.

El hecho de que la creciente fuerza de trabajo esté siendo absorbida, principalmente, por empleos en actividades de muy baja productividad e ingresos, es lo que determina que la productividad media de la economía, y el ingreso per cápita, se mantengan también muy bajos.

Este tipo de empleos, caracterizados por una bajísima dotación de capital físico y humano por trabajador, son básicamente empleos creados por la propia población para sobrevivir, con escaso o nulo acceso a los recursos. El predominio de este tipo de empleos, de bajísima productividad e ingresos, es lo que explica los elevados niveles de pobreza que exhibe el país, y las múltiples carencias que padece la mayor parte de los hogares.

Por su parte el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita es tan bajo, que si su crecimiento, originado principalmente en el crecimiento de la fuerza de trabajo, se mantiene a las mismas tasas que las observadas desde 2010, lo mismo que las tasas de los demás países del área, harían falta 15 años para alcanzar el PIB per cápita de Honduras, 25 años el de Guatemala, 33 el de El Salvador, y más de 70 años el de Costa Rica.

El bono demográfico y femenino significan que una masa creciente de jóvenes y mujeres se ha estado incorporando a la actividad económica, y si las tasas de crecimiento de la fuerza de trabajo que ambos posibilitan, se viesen acompañadas, en porcentajes aumentados, por la generación de empleos de mayor productividad, ello daría lugar a altas tasas de crecimiento de la productividad media, y podrían lograrse tasas de crecimiento de la economía excepcionalmente altas.

El desempeño educativo del país también muestra un rezago muy serio, particularmente en términos de educación inicial, la enseñanza secundaria y la calidad y pertinencia de la educación en todos los niveles. Aún más, el rendimiento de la educación post-secundaria se ha estado reduciendo. Esto se convierte en un obstáculo adicional para la creación de empleos de mayor productividad, que demandarían niveles de calificación y destrezas más altos.

El acceso al crédito se encuentra concentrado y segmentado, y no existen mecanismos de financiamiento de la inversión de mediano y largo plazo.

Tampoco existen instituciones de fomento, de inteligencia de mercados, o de investigación y difusión tecnológica, lo cual también conspira contra las posibilidades de diversificar la economía hacia actividades dinámicas de mayor complejidad, de elevada elasticidad-ingreso de la demanda y de alta densidad de encadenamientos.

El esfuerzo por transformar la estructura de la producción y el empleo, y la matriz exportadora del país, mediante la constante implantación de nuevas actividades dinámicas, de mayor complejidad, a lo largo de varias décadas consecutivas, esfuerzo requerido para que el empleo que se genere sea de cada vez mayor productividad e ingresos, de manera que la productividad media (y el ingreso per cápita) crezcan a tasas mucho más altas, ni siquiera se ha planteado.

Pero el bono demográfico terminará, con lo cual esta oportunidad irrepetible se habrá perdido, y el país se adentrará, a velocidad de crucero, en la fase de envejecimiento de su población, cuando se incrementará con rapidez la población de adultos mayores y declinará el número de personas activas capaz de sostener a cada adulto mayor.

Al desacelerarse, y luego declinar en términos absolutos, la población en edad de trabajar, este motor básico del crecimiento actual se debilitará y luego desaparecerá, mientras se incrementan, cada vez más, las demandas derivadas de la necesidad de sostener a un numero de adultos mayores en rápida expansión, y sus considerables requerimientos de atención en salud.

(*)Economista

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