En respuesta a la aprobación de la Nica Act en primera instancia, el régimen de Daniel Ortega mandó a sus diputados de la Asamblea Nacional a aprobar una ley para reactivar el cobro a los Estados Unidos (EE.UU.) de una hipotética indemnización de por lo menos 50 mil millones de dólares, por daños de la guerra civil de los años 80 en la cual ese país apoyó a las fuerzas contrarrevolucionarias.
Esto significa que Ortega ha escogido el camino del enfrentamiento con EE.UU., en vez de quitarse de encima la amenaza de la Nica Act dando pasos efectivos y verificables hacia la restauración de la democracia y la celebración de elecciones auténticas en Nicaragua, de acuerdo con los estándares establecidos en la Carta Democrática Interamericana de la OEA.
Como es ampliamente conocido, la dictadura sandinista de los años 80 demandó a EE.UU. ante la Corte Internacional de Justicia, con sede en La
Haya. EE.UU. no le reconoció competencia a la Corte en este caso, pero de todas maneras fue sentenciado a indemnizar económicamente a Nicaragua. La Corte no fijó el monto de la indemnización, fue el gobierno sandinista el que dispuso que debían ser 17 mil millones de dólares. Posteriormente, en 1991 el gobierno de Nicaragua presidido por doña Violeta desistió legalmente de la demanda contra EE.UU.
Sin embargo, después de restablecer su régimen dictatorial en 2007, Ortega amenazó varias veces con reactivar el cobro de la supuesta deuda de EE.UU., que él mismo ha cifrado ahora en más de 50 mil millones de dólares, por acumulación de intereses y cargos moratorios.
Como nos ha dicho un prestigioso jurista nicaragüense, experto en derecho y justicia internacional, Ortega “está disparando con pistola de palo”. Es que aún en el remoto caso de que la Corte Internacional aceptara la petición de reabrir el caso, EE.UU. no pagaría la pretendida indemnización cualquiera que fuese el monto señalado por Ortega. El mismo agente de Nicaragua ante la Corte de La Haya, doctor Carlos Argüello, ha dicho a medios oficialistas que si reabre la demanda contra EE.UU. “le va a ser muy difícil alcanzar el éxito”.
Pero ya sea que la Corte de La Haya reactive o no la demanda, el camino del enfrentamiento con EE.UU. escogido por Ortega puede traer graves consecuencias para Nicaragua. Nuestro país solo lleva las de perder con la reanudación de un antiguo conflicto con EE.UU. que ya estaba superado, siendo el principal socio comercial de Nicaragua y su más importante proveedor de inversiones y remesas familiares que sostienen la economía nacional.
Habría también otros daños colaterales de alcance interno, como sería el endurecimiento de la dictadura, la demonización y persecución contra opositores y disidentes, la censura de prensa y el cierre de medios de comunicación, etc., como ha ocurrido siempre que hubo conflictos y enfrentamientos con los EE.UU.
Ortega ya recorrió ese camino en el pasado y solo consiguió causar graves daños al país y su propia derrota política en 1990. Y si lo olvidó, porque el poder absoluto lo ha hecho perder la cabeza, se lo deberían recordar sus amigos y asociados que son gente responsable.