El líder democrático venezolano, Leopoldo López, ha sido puesto en libertad parcialmente por la dictadura de Venezuela, con casa por cárcel en vez del encierro en prisión donde estuvo 3 años y 5 meses y era sometido a múltiples vejámenes, incluyendo torturas, según lo denunció él mismo, a gritos, desde su celda de reclusión.
La liberación parcial de López se produjo al cumplirse cien días de continuas manifestaciones callejeras contra la dictadura, que son reprimidas criminalmente por la dictadura con un saldo hasta ahora de más de noventa muertos. Y es una victoria, también parcial, de la lucha popular por la democracia y la solidaridad internacional.
La libertad de Leopoldo López y todos los presos políticos de Venezuela, que son más de 400, ha sido una demanda sostenida de la oposición venezolana. Al mismo tiempo la comunidad internacional no ha dejado de presionar al régimen de Maduro, con ese mismo objetivo.
La explicación oficial de la excarcelación de Leopoldo López es que el Tribunal Supremo le concedió el beneficio de casa por cárcel, por razones humanitarias, a petición de una tal Comisión de la Verdad, la Justicia y la Paz. Se trata de una explicación poco creíble, porque en los regímenes dictatoriales como el de Maduro no hay humanitarismo. La verdad es que López ha sido excarcelado como resultado de la presión interna e internacional.
Según algunos analistas políticos, la liberación parcial de Leopoldo López es una maniobra para quitarle fuerza a las movilizaciones callejeras de la oposición. Pero si así fuera, la medida ha sido contraproducente para la misma dictadura de Nicolás Maduro, porque más bien ha fortalecido el ánimo de muchas personas que ya estaban cansadas después de cien días de resistencia continua. Ahora la gente ve que la dictadura también está agotada, que además no es invulnerable como pretende hacer creer y que con la continuidad de la resistencia callejera se le puede derrotar de manera definitiva.
En realidad, el régimen de Maduro está mostrando signos de flaqueza. Ha cometido errores colosales, como la represión criminal indiscriminada y el ataque de turbas violentas armadas contra la Asamblea Nacional, profanando el poder judicial y lesionando a varios diputados. Por otra parte, la rebeldía institucional, jurídica y cívica de la fiscal general chavista, Luisa Ortega, ha causado tensiones e inclusive fisuras en el oficialismo. Y el proyecto de Nicolás Maduro y su camarilla, de instalar una constituyente de tipo corporativo fascista con la pretensión de radicalizar la revolución y llevar el país al comunismo, es un camino que no lleva a ninguna parte.
La victoria de la lucha popular contra la dictadura podría estar cerca. La dictadura podría derrumbarse como consecuencia de sus propias contradicciones o caer derrocada por el movimiento popular. Todo depende de la fortaleza y perseverancia con que se mantenga y extienda la resistencia cívica del pueblo venezolano. Y depende también de que haya acciones internacionales más efectivas, para aislar y acorralar a la dictadura de Maduro. Como se hizo con Trujillo en 1960 y con Somoza en 1979.