Los sandinistas renovados están más preocupados por mirar su bola de cristal que por dar una respuesta política a los hechos presentes.
Esta actividad tiene dos defectos: primero, que por mirar tanto el futuro quedan en general sin respuesta (o con una incorrecta) frente al presente; segundo, que las respuestas para el futuro tampoco sirven porque de sus predicciones equivocadas se desprenden tácticas generalmente inaplicables o fracasadas.
En sus predicciones del año pasado, aseguraron escenarios en los que el régimen dictatorial convocaría a una “concertación” para el mes de marzo de 2017, con la participación de los CxL, para darle legitimidad al poder establecido; a cambio el régimen orteguista les entregaría cargos públicos y la personería jurídica, como parte de un “pacto de Eduardo Montealegre con el orteguismo”.
Sus “pronósticos” se coordinaron, consciente o inconscientemente, con la “Concertación” publicada por el general retirado Humberto Ortega, antes de la farsa electoral. Haciendo eco de la mencionada propuesta, se dieron a la tarea de sugerir hipotéticos escenarios, en los cuales, acusaban a sus antiguos aliados de pactistas, sin importarles el daño que causaban.
Todo habría sido intrascendente, de no haber sido que esos “augurios” sirvieron de justificación a la maniobra de rompimiento con la CND, presentándose como víctimas de una expulsión —auto expulsándose— , al mismo tiempo, denigraban a Montealegre con ayuda de algunos medios de comunicación, denunciando un supuesto “arreglo” —“puñalada por la espalda”— con el sandinismo orteguista. Mientras paralelamente, trazaban líneas de acción para fortalecer su partido, procurando posicionarse como los “únicos opositores”, mediante la creación de una plataforma de siglas, integrándola con elementos de ellos mismos, y con alguna que otra figura de ascendencia democrática, sin arraigo popular, pero manipulable para sus inconfesables propósitos.
Es útil contar con una estrategia a largo plazo, el problema es caer en contradicciones, basándose en análisis subjetivistas o presunciones, en donde se proyectan escenarios aparentemente especulativos, pero con un marcado contenido difamatorio para desprestigiar al aliado-adversario de turno.
Antes tuvieron ¡y la mantuvieron más de diez años! la estrategia de “retornar a los orígenes del sandinismo” dirigida a todo el sandinismo. Meses atrás, plantearon como estrategia central, la “resistencia cívica” para todas las fuerzas democráticas, sin aclarar cuándo finalizará.
El tiempo ha demostrado la falacia de sus “vaticinios”, pero ahora que CxL obtiene su personería jurídica, utilizando interpósitas manos, retoman el tema de la “unidad de la oposición”, valga decir, regresar a la alianza con los que acusaron de “puñaleros”, “pactistas”, etc.
En política, los imponderables de la vida, obligan a olvidar ofensas y deponer actitudes. Sin embargo, no es muestra de buena disposición o de arrepentimiento, el pretender erigirse en una especie de “Santo Tribunal de Inquisición” de la democracia, y desatar una feroz campaña satanizando la futura contienda electoral, como “otra farsa” —obviando la observación electoral de la OEA— y amenazar con “excomulgar de las rediles” de la lucha por la democracia a los CxL, sobre quienes recaería una especie de “baldón eterno”, al estigmatizarlos con el cognomento de “zancudos”, porque estos no los aceptan nuevamente como aliados.
Definitivamente, está demostrado que se trata de una estrategia equivocada del sandinismo renovado, llena de presiones y chantajes mediáticos que no funcionan, ni conducen a nada, más que a beneficiar al sandinismo orteguista.
El autor es miembro del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL).