Una de las principales recomendaciones de la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que vino recientemente a Nicaragua para evaluar la economía nacional, es que se debe atender con urgencia y medidas de fondo la grave crisis financiera del INSS.
El FMI ha advertido que para el año 2019 el INSS ya no tendrá fondos para pagar las pensiones, tanto de quienes cotizaron regularmente como las asignadas gratuitamente por motivos políticos.
Esta grave crisis financiera del INSS ha sido causada por la irresponsabilidad administrativa, la corrupción y el menosprecio del orteguismo a la seguridad social. De acuerdo con los estudios de los expertos, basados en cifras oficiales, el INSS no debería estar sufriendo dificultades financieras porque sus ingresos han crecido más de 3 veces en los últimos 15 años, 10 de los cuales han sido del régimen autoritario de Daniel Ortega. La tasa de cotización —laboral, patronal y estatal— al INSS es la más alta de Centroamérica y una de las más elevadas de América Latina, pero sus beneficios son menores.
Las cifras también demuestran que antes de que Daniel Ortega volviera al poder gracias al pacto con Arnoldo Alemán, el INSS operaba con superávit. El creciente déficit hasta llegar a la crisis financiera actual, ha sido causado —esto hay que repetirlo— por la irresponsabilidad administrativa y la corrupción.
De la dictadura de Anastasio Somoza Debayle se decía que usaba los fondos del Seguro Social como caja chica. Pero la verdad es que si en aquella época hubo manejo indebido de los recursos financieros del INSS, nunca se llegó a los extremos de ahora, bajo la dictadura orteguista.
Daniel Ortega siempre ha sido enemigo del INSS. Prácticamente lo liquidó durante la dictadura sandinista de los años ochenta del siglo pasado, cuando el Seguro Social fue diluido en el llamado Sistema Nacional Único de Salud (SNUS). Cuando Ortega lo entregó al gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, en abril de 1990, el INSS carecía completamente de recursos financieros.
La recuperación y equilibrio de las finanzas del INSS se logró con muchos esfuerzos de directores eficientes como Silviano Matamoros y Simeón Rizo. Inclusive el INSS pudo resistir la voraz corrupción del gobierno de Arnoldo Alemán y después volvió a recuperar la solvencia financiera con la administración de la señora Edda Callejas, durante la presidencia de don Enrique Bolaños Geyer.
Pero al régimen orteguista no hay institución que le resista. Ha desmantelado la institucionalidad democrática del país, incluyendo los partidos políticos, los gremios independientes y la organización de la sociedad civil que es base indispensable para el funcionamiento de la democracia. En manos del orteguismo todo se distorsiona o deja de funcionar, salvo el ámbito de negocios que medra al amparo del sistema autoritario.
La crisis del INSS se podría resolver con solo que los gastos administrativos sean racionalizados, que las pensiones por motivos políticos sean trasladadas al presupuesto del Estado y que se erradique la corruptela que socava la institución. Pero esto es prácticamente imposible que lo pueda hacer el régimen orteguista.