A todos los nicaragüenses nos preocupó la “Nica Act”. Y empezaron a surgir muchas opiniones sobre cómo el presidente Ortega podría influir en Washington para evitar esta posible “agresión económica”.
En las reuniones de la peña “Sierras de Paz” que se llevan a cabo casi a diario en las últimas horas de la tarde en el Centro Comercial Galerías —peña compuesta por personas que estamos más o menos cerca de “patear el balde”— se habló de que don Daniel debía nombrar nuevamente embajador en Washington a Arturo Cruz, quien por su experiencia y habilidad política era la personalidad más apropiada para enfrentar con éxito la amenaza económica contra Nicaragua.
Alguno que otro mencionó también para embajador en Washington a Francisco Aguirre, pues adujeron que podría combatir con eficacia a la “Nica Act”, toda vez que Francisco —se dijo— es “uña y carne” de muchos políticos importantes, republicanos y demócratas, de los Estados Unidos.
Pero observando que en la peña “Sierras de Paz” mucho se especulaba sobre este tema, y teniendo en cuenta de cómo pasaba el tiempo sin que Daniel cambiara a su embajador en la capital estadounidense ni diera señales de preocupación, se empezó a sospechar de que el Gobierno podría tener su “trompo enrollado”. Entonces, la peña El Bejuco, para conocer la realidad y no seguir con las especulaciones y sospechas de la peña “Sierras de Paz”, envió a un equipo de investigadores a Nueva York a finales del mes de noviembre pasado.
Inmediatamente la peña de Acoyapa fue informada que Daniel había mandado a Nueva York en misión ultrasecreta a don César Zamora para oponerse a la “Nica Act”. Recordemos que el señor Zamora, según El Bejuco, fue enviado por Daniel a Estados Unidos en misiones específicas cuando John Kerry, íntimo amigo de don César, era secretario de Estado. Pero antes del triunfo de Trump, el señor Zamora con gran olfato decidió alejarse de la Administración Obama, hasta tal punto que don César no le volvió a contestar ni una llamada telefónica a John Kerry.
Los investigadores de El Bejuco empezaron en Nueva York a vigilar las salidas y entradas a la Trump Tower en donde el entonces presidente electo estuvo despachando. Los detectives acoyapinos estuvieron dando vueltas varios días, hasta que de pronto vieron que un jueves a las diez de la noche Rex Tillerson, ahora Secretario de Estado, entraba en la torre Trump con una persona de casi 500 libras, con una tilila espectacular, vistiendo un abrigo negro que le llegaba hasta el ojo del pie, con una bufanda que le cubría no solo la papada sino también la nariz y la boca, con orejeras —hacía un frío glacial— con anteojos muy oscuros, redondos al estilo John Lennon, y con un sombrero igualito al que usan mis amigos y paisanos diputado Douglas Alemán y exdiputado Humberto Castilla.
Con ese vestuario parecía imposible reconocer a la persona que acompañaba a Tillerson, pero uno de los investigadores, por su modo de caminar, reconoció a don César Zamora, que indudablemente Tillerson lo llevaba a conversar con Trump. Lo que no se sabía en la peña “Sierras de Paz” ni en la peña El Bejuco era que don César asesoraba a Tillerson en materia de energía.
Los investigadores informaron a la peña chontaleña cómo se imaginaron que pudo haber sido el diálogo entre Trump, Tillerson y el señor Zamora. Se lo imaginaron así:
Tillerson: Donald, te presento a César Zamora. Es nicaragüense y así como lo ves, todo humilde, es presidente de la Cámara de Energía de Nicaragua.
Zamora: (dándole la mano) Mucho gusto Donald. Te felicito por tu triunfo contra la Hilaria. Yo siempre creí que ganarías.
Trump: Escuché decir en Wall Street que tú fuiste también presidente de Amcham.
Zamora: Claro que sí.
Trump: (dándole una abrazo a Zamora). Felicidades César. Tanto en Washington como en Nueva York me han hablado de tu liderazgo, de tu arrastre popular. He tenido informes de que hablas en forma impactante en televisión, y que lo haces sin ofender a nadie; expresándote con mucha elocuencia y ponderación.
Tillerson: Donald, César quiere exponerte brevemente lo de la “Nica Act”.
Después que el señor Zamora le expuso ampliamente a Trump todas las falsedades y calumnias que el MRS llega a decir a Washington y ante la solicitud de don César de que no se aprobara la “Nica Act”, Trump le dijo que lo diera como un hecho y que inmediatamente iba a hablar con Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes y con Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana del Senado, para que impidieran la pretensión de perjudicar a Nicaragua.
Al finalizar la conversación Trump se despidió del señor Zamora con un abrazo y le dijo: “César, después del 20 de enero, no te olvides de pasar conmigo algún fin de semana en Mar-a-Lago en Palm Beach”. Seguidamente Trump llamó a su yerno Jared Kushner y le dijo que acompañara a don César hasta la salida del edificio. Después se supo en El Bejuco que el señor Zamora de Nueva York viajó a Washington; que lo habían visto entrar como a escondidas en el edificio de la OEA a entrevistarse con Luis Almagro. La misión estaba cumplida: Almagro fue neutralizado y la “Nica Act”, como dicen los finqueros chontaleños, “está lista y servida, vestida de moña y tirada a los callejones”.
La verdad es que Daniel no tenía por qué mandar un nuevo embajador a Washington pues sabía de la amistad secreta que unía al famoso ex presidente de Amcham con Rex Tillerson. Indudablemente que Daniel, riéndose y muy feliz, debe seguir recordando la famosa frase de Chespirito: “No contaban con mi astucia”.
El autor es abogado.