Un equipo dirigido por Carlos H. Mastrangelo, profesor de ingeniería eléctrica e informática de la Universidad de Utah (U), (www.utah.edu) en Salt Lake City (Utah, EE.UU.) y el estudiante de doctorado Nazmul Hasan, han creado una “gafas inteligentes” con lentes líquidas, que ajustan automáticamente el enfoque de lo que una persona está viendo, tanto si está lejos como cerca.
La investigación sobre las denominadas lentes adaptativas se ha efectuado en colaboración con el profesor de Ingeniería Eléctrica y Computación Hanseup Kim y el investigador graduado Aishwaryadev Banerjee, ambos de la U.
Este equipo ha fabricado un prototipo experimental pero está mejorando cada vez más el diseño de estas gafas y Mastrangelo adelanta que podrían lanzar al mercado una versión más ligera, pequeña y atractiva en tres años, a través de una compañía emergente creada para fabricarlas y comercializarlas.

“La mayoría de las personas que usan gafas de lectura tienen que ponérselas y quitárselas todo el tiempo, pero con estas gafas uno no necesitará hacer esto nunca más, porque se las pondrá y siempre verá claro”, señala Mastrangelo, quien también es profesor de USTAR (www.ustar.utah.edu), la iniciativa de desarrollo económico de tecnología e investigación de la U.
El ojo humano tiene una lente interior que ajusta la profundidad focal dependiendo de lo que mire, según la Universidad de Utah, pero, a medida que la gente envejece, la lente pierde su capacidad de cambiar el enfoque, por lo que muchas personas necesitan usar gafas de lectura o bifocales para ver objetos de cerca, y gafas corrientes para ver de lejos, dos problemas conocidos respectivamente como hipermetropía y miopía, explican desde esta universidad.
Según la U, Mastrangelo y Hasan han creado unas gafas con lentes hechas de glicerina, un líquido espeso incoloro, que va encerrado dentro de unas membranas flexibles.
La membrana posterior de cada lente está conectada a una serie de tres actuadores (mecanismos) que empujan la membrana hacia adelante y hacia atrás como si fuera un pistón transparente, cambiando la curvatura de la lente líquida y, por lo tanto, la distancia focal entre la lente y el ojo.

“La distancia focal de las gafas depende de la forma de la lente, por lo que, para cambiar la potencia óptica, tenemos que cambiar la forma de la membrana”, señala Mastrangelo.
“Las lentes están colocadas en unos marcos de gafas especiales equipados con electrónica y una batería recargable, cuya carga podría durar más de 24 horas, que sirven para controlar y encender los mecanismos que empujan la membrana”, explican los investigadores.
“Añaden que en el puente de las gafas hay un sistema medidor que calcula la distancia de las lentes a un objeto determinado por medio de pulsos de la luz infrarroja y que, cuando el usuario mira un objeto, este medidor marca instantáneamente la distancia e indica a los actuadores cómo curvar las lentes”, comentan los creadores.
“Si el usuario ve entonces otro objeto que está situado más cerca, el medidor de distancia se reajusta y hace que los actuadores cambien la forma de la lente para adaptarse a la hipermetropía”, señalan.
Cambiar el enfoque en milisegundos
Hasan explica que las gafas inteligentes pueden cambiar el enfoque de un objeto a otro en 14 milisegundos. Antes de ponerse estas gafas inteligentes por primera vez, su usuario tiene que introducir los datos de su prescripción de anteojos efectuada por un profesional sanitario, en una aplicación (app) para smartphone que acompaña a este sistema, la cual calibra luego las lentes automáticamente a través de una conexión inalámbrica Bluetooth, informan los investigadores.
Los usuarios de estas gafas tienen que introducir estos datos solo una vez, excepto cuando su prescripción cambia con el tiempo, y teóricamente, nunca tendrán que comprar otro par nuevo de anteojos ya que estas gafas inteligentes se ajustan constantemente a su vista, según indican a Efe.