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Gonzalo Cardenal M.

Cómo conocer la voluntad de Dios III

Concluyendo con esta tercera entrega de “Cómo Conocer la Voluntad de Dios” no quisiera dejar sin decirles tres cosas:

La primera es que Dios también nos habla con señales: Cuando Samuel le dijo a Saúl que el Señor lo había designado rey de Israel, le dijo: “Esta será una prueba de que el Señor te ha declarado gobernante de su pueblo: ahora que te separes de mí, encontrarás dos hombres cerca de la tumba de Raquel, en Selsa, ellos te dirán que…” (1ª Samuel 10:1-2). A veces podemos pedir señales. En el Antiguo Testamento era común pedirlas. Otros lo hacen abriendo al azar la Biblia, como también lo hacía San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, entre otros muchos que usaron y usan este método.

A veces debemos pedir señales, otras no. Cuando los fariseos y saduceos le pidieron a Jesús que les diera una señal (Mateo 16, 1-4), se molestó porque se lo pedían para ponerlo a prueba. Y es que además hay un peligro en eso de andar pidiendo señales. Hay gente que lo hace demasiado.

Sin embargo no es malo pedir confirmación. Somos humanos, aunque oigamos al Señor hablarnos directamente, nos cuesta tener la claridad y seguridad que necesitamos, por eso debemos pedirle confirmación. Asegurarnos que lo que nos está diciendo coincide con su Palabra y la de la Iglesia. Asegurarnos que la guía no va contra nuestro crecimiento espiritual. Sentir paz al recibir la guía, aunque la dirección vaya en contra de nuestra preferencia. Y asegurarnos de su veracidad consultándolo con una autoridad religiosa competente.

La segunda cosa que quería referirles es sobre una de las tantas funciones del “Paráclito”, el Espíritu Santo. En el capítulo 14 de San Juan encontramos a Jesús hablándole a sus discípulos sobre su partida inminente (estaba a punto de ser crucificado). Y él sabía que esto causaría un caos si no explicaba a quién dejaría en su lugar (como en cierto sentido sucedió aún con su explicación). Les dijo:

“Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y en vosotros está… El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho… Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Juan 14:16-17, 26-27).

La palabra “paráclito” puede ser traducida de muchas maneras: abogado defensor, consejero, guía, intercesor, protector, apoyo. Yo creo que el Señor quiere que sepamos lo que él quiere para cada uno de nosotros en cada momento. Quiere que seamos su pueblo y que como tales no tengamos dudas ni confusiones. Sin embargo no estoy diciendo que debemos esperar que el Señor nos aclare todo capricho que se nos ocurra, pero sí que quiere decirnos todo lo que necesitamos saber para cumplir a cabalidad con su voluntad.

Y finalmente debemos tener siempre la vista puesta en Dios. De tal manera que la lista que enumeramos antes para obtener confirmación de su guía y crecer en ese discernimiento no son pasos que debemos hacer solo cuando estamos pasando por un problema, sino más bien son cosas que debemos hacer constantemente, a lo largo de toda nuestra vida.

El autor es miembro del consejo de coordinadores de la ciudad de Dios.
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