En mis reflexiones de los sábados hemos venido escribiendo casi exclusivamente sobre lo que —en las cartas de ustedes mis lectores— pareciera que más les interesa: “Cristo, la Iglesia, el amor (cristiano y humano) y el ecumenismo”; “la mujer y la Virgen de los cristianos”; los peligros de la ideología de género, la Nueva Era y el Reiki”; “la unidad, la tolerancia y la intolerancia”. Pero también me han venido pidiendo que les profundice sobre “cómo conocer la voluntad de Dios en casos específicos”, tema que despertó en muchos el deseo de que lo ampliara, y por lo tanto es el tópico que abordaré hoy y en los próximos dos sábados.
Lo primero que quiero decirles es que creo que el cumplir los Mandamientos como guía única, a veces no basta y que me he encontrado que muchos cristianos no se preocupan de si saben o no lo que Dios quiere de ellos en cosas fuera de los Mandamientos. Creen que si no están desobedeciendo ningún mandamiento quiere decir que están haciendo todo y exactamente lo que Dios quiere de ellos.
Pero la verdad es que cuando se está creciendo en la vida cristiana se necesita saber y cumplir algo más que los mandamientos. Los Mandamientos y el Catecismo de la Iglesia católica le dicen solo cómo no deben llevar sus vidas. Pero no les dicen cómo vivirla, excepto de un modo general. Necesitan más que conocer los Mandamientos y el Catecismo, necesitan que Dios guíe directamente sus vidas.
Pero también hay otros que solo creen en una dirección súper detallada, directa y específica, como: “Andá a la esquina entre la avenida Bolívar y el Crowne Plaza a las 3:18 p.m. en donde encontrarás a un hombre de camisa amarilla a quien debés darle C$100.00 sin preguntarle nada”. Pues la verdad es que una que otra vez el Señor nos ha hablado de esa manera, pero son muy raras.
Probablemente la clase de guía más importante y más común es simplemente ir creciendo en entendimiento espiritual. Cuanto más nuestras mentes vayan siendo formadas por el Espíritu Santo, e instruidas por él, tanto más sabremos cuál es su voluntad y qué hacer en cada caso, porque simplemente vamos adquiriendo la mente de Cristo. Y la principal manera de irnos dejando cristificar por el Espíritu de Dios es con la oración diaria y una vida sacramental intensa.
El entendimiento espiritual nos lleva muy lejos, pero hay momentos en que necesitamos una guía más concreta, y el Señor nos la da siempre y cuando sabe de antemano que estamos dispuestos a actuar conforme su indicación.
Una de las formas más sencillas en que nos da su guía es por medio de la enseñanza. Desde nuestro “Encuentro personal con Cristo” Él ha estado tratando de enseñarnos acerca de sí mismo, acerca de las realidades espirituales, acerca de cómo llevar nuestra vida, acerca de llevarnos a la madurez espiritual: “Llevarnos de ser niños en las cosas de Cristo a la madurez en la fe” (1ª. Col. 3:1, 2, 6).
En la medida en que nuestra mente se vuelva más espiritual el Señor se irá sintiendo con mayor libertad para enseñarnos. Por eso, una de las maneras más importantes en que recibimos instrucción de la Palabra de Dios es por medio de la enseñanza de otras personas. También ha veces el Señor nos enseña a través de nuestra experiencia. A veces permite que nos sucedan cosas para que aprendamos a través de ellas. Debemos ser como María que, “guardaba todo en su corazón y lo tenía muy presente.” (Lc. 2, 19).
El autor es miembro del consejo de coordinadores de la ciudad de Dios.
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