Considerando los antecedentes del actual Gobierno de Nicaragua que presiden ilegítimamente el binomio Ortega-Murillo y después de leer detenidamente el Informe de la Mesa de Conversación de dicho gobierno con la OEA con fecha del 20 de enero pasado, me recordó la famosa fábula de Esopo ( siglo VI a.d.C.) en la que el autor nos relata, con filosófica ironía, los estruendosos rugidos de una montaña al momento de parir y que el producto de tal alumbramiento, después de tanta bulla, fue “un ridículo ratón” como lo calificó Quinto Horacio Flaco varios siglos después.
Este Parto de los Montes de la OEA y su Informe o ridículo ratón, tiene que ver, porque no se compagina con las esperanzadoras declaraciones que lo precedieron de parte del secretario general, don Luis Almagro, ni con lo que establece con claridad meridiana la Carta Democrática Interamericana en su articulado. En un escrito de opinión que el señor Almagro publicó a principios del presente año en el diario de España, El País, expresó “que el organismo regional seguirá bregando por elecciones libres y fiscalizando que la democracia realmente funcione y que no sea una fachada para un ejercicio infame del poder”. Para luego agregar: “Todos pueden estar seguros que, si algunos se cansan, la OEA continuará sin tregua; si algunos abandonan esta lucha, la OEA la seguirá; y si algunos callan, la OEA alzará más su voz”.
Pero los resultados de su ampulosa declaración, más bien apuntan a realizar todo lo contrario, es decir, que lo que han hecho con su comparecencia en Nicaragua es fortalecer más la dictadura imperante. Sus enunciados, en lenguaje shakesperiano se reducen a palabras, palabras, palabras, pues omite deliberadamente las graves violaciones a nuestra Constitución, a nuestras leyes y a nuestros derechos humanos; y se hacen de la vista gorda de los numerosos documentos presentados por los partidos políticos de oposición; la sociedad civil; iglesias y empresarios particulares. Contentos con las promesas de la dictadura, que no ha cumplido ni cumplirá, graciosamente le dan tres años más y como si hubieran conquistado el cielo, nos salen con la vana ilusión de que “mañana, hijos míos, todo será distinto”.
Quizás, por esa rara intuición que parece más desarrollada en las mujeres, la distinguida congresista norteamericana Sra. Ileana Ross Lehtinen, cuando conoció que la OEA estaba tomando cartas en el asunto de Nicaragua en LA PRENSA (27/10/2016), expresó lo siguiente: “Me entristece ver que la entidad objeto de Almagro parece haber vuelto a las andadas”. Es decir, uno duda, que si la OEA estará, como en el pasado, bajo la fachada de propugnar por la democracia respaldando solapadamente dictaduras que se perpetúan en el poder, hasta derramar torrentes de sangre en suelo americano. Si no veamos: ¿Qué ha hecho la OEA por ayudarle al pueblo venezolano a liberarse de la dictadura chavista de Maduro?
No sabemos por qué la OEA está dando tantos brincos, siendo el terreno tan plano. Los artículos 17, 18, 19, 20 y 21 de la Carta Democrática Interamericana de la OEA establecen claramente el procedimiento a seguir cuando “en un Estado Miembro se produce la alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático”. ¿Qué está esperando el secretario general Sr. Almagro, para convocar al Consejo Permanente de la OEA para dilucidar el problema de Nicaragua? A los nicaragüenses no nos importa si la correlación de fuerzas en el campo internacional nos favorece o no, lo que demandamos es que la dictadura Ortega-Murillo cumpla con los tratados internacionales que tienen que ver con nuestra democracia y con nuestra libertad. Queremos hechos y no palabras, Sr. Almagro.
El autor es Periodista y Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).