Para Herdy
“Pedorrín”, suena gracioso el mote que Günter Grass endilga a los niños alemanes antes de entrar a las juventudes nazis.
En su autobiografía Pelando la cebolla, el zumo de las primeras capas blancas traslúcidas que el escritor va desprendiendo, no le irrita sus queridos recuerdos de infancia, ni los ojos, ni el alma. “Pioneritos” en Cuba, aquí “Asociación de Niños Sandinistas Luis Alfonso Velásquez Flores”, a los “Pedorrines” los convocan para jugar, ir de excursión y cantar himnos que el nazismo machacaba para reforzar su identidad nacional totalitaria. Años después el premio Nobel de Literatura se sentiría obligado a su rechazo total, conducta normal de la conciencia madura impregnada de ética.
Cuando las chicharras chillan hasta morir pegadas en los troncos de los abetos y abedules y el calor ardiente del verano no lo mitigan los vientos del Báltico o del Mar del Norte, los grupos de niños uniformados con shorts y camisetas, y gorritas con viseras anchas, marchan en fila cantando canciones de zagas mitológicas y leyendas: “Las Walkirias”, “El anillo de los Nibelungos”, “Lohengrin”, Günter marca el paso muy serio mirando la llanura polaca o alemana de Danzig o Gdánsk extendida junto al mar hasta fundirse con él, las voces cantan puras y todavía el fascismo con sus líderes de rebaños, dirigentes de masas, no los hace corear consignas excluyentes cargadas de soberbia, las mochilas sobre las espaldas van repletas de pan con mantequilla y mermeladas que prepararon sus madres.
Han salido al alba, ante el resplandor naciente de un alba que roza la tierra, y aparta y disuelve las brumas del mar, oyen graznar a los pelícanos y a las gaviotas, ven navegar veleros de velas blancas y barcos de guerra acorazados exhibiendo en las chimeneas de proa cruces esvásticas gamadas. Inocencia, el fascismo germano fue cuidadoso en no perturbar las mentes infantiles con consignas políticas, en su imaginación los niños tendrán chance de ver saltar a las ranas en los charcos y revolotear zumbando a las abejas laboriosas que liban el néctar de las flores para elaborar la miel. Enajenar, alienar, alinear, serán verbos conjugados a posteriori, ya gritarán las juventudes en los estadios y en las plazas las consignas del partido, y su rugido como el de una sola garganta vigorosa atronará el aire. Ahora es el momento de cantar: salta ranita, salta, vuela abejita, vuela.
Cuando anduvo por aquí apoyando a la R.P.S. (a la Revolución Popular Sandinista), podríamos haberlo visto contento en su paseo imperturbable, resaltada su altura con el prominente labio inferior sombreado por un bigote tupido cortado como una brocha, su labio que de niño soplaba para apartarse de la frente el suave mechón de pelo lacio, y saludarlo como su tía abuela Anna, madre del cartero fusilado, con una frase imbatible: “Vaya, Günterito, qué grande te has hecho”.