La Unión Europea (UE) se pronunció sobre las recientes elecciones de Nicaragua, calificadas por la oposición no oficial como una farsa electoral.
El pronunciamiento dado a conocer por la UE el sábado 19 de noviembre, no es tan directo y enérgico como la declaración que Estados Unidos (EE. UU.), emitió apenas un día después de la farsa electoral, en la cual expresó que estaba “profundamente preocupado por el proceso viciado de las elecciones presidenciales y legislativas en Nicaragua”. Sin embargo, la UE reconoce y lamenta que las elecciones del 6 de noviembre no fueron limpiamente democráticas y manifiesta su disposición de ayudar a la
reconstrucción del sistema electoral den Nicaragua.
Hay que recordarlo, el Departamento de Estado señaló en su declaración que Daniel Ortega “impidió toda posibilidad de realizar elecciones libres y justas… Previo a las elecciones el Gobierno de Nicaragua había eliminado a los candidatos de la oposición para la Presidencia, limitado la observación electoral nacional en los Centros de Votación y el acceso a las cédulas para votar, y tomado otras medidas para negar el espacio democrático en el proceso”. Y aseguró que EE. UU. sigue “presionando al Gobierno nicaragüense para que mantenga prácticas democráticas, en consonancia con las obligaciones compartidas de nuestros países bajo la Carta Democrática Interamericana”.
En consecuencia no hubo reconocimiento de EE. UU. a las falsas elecciones de Nicaragua y sus resultados. Por su parte, la Unión Europea dice en su comunicado, con un lenguaje cuidadosamente diplomático, que “está lista para trabajar con el nuevo Gobierno, junto con otros socios internacionales y la sociedad civil, en los retos que enfrenta el país”, y de esa manera “contribuir en los esfuerzos para mejorar la gobernanza y prácticas democráticas”.
La Unión Europea ya había advertido, a mediados de agosto de este año, acerca de la necesidad de que hubiera competencia política en las elecciones de Nicaragua, y ahora, en su comunicado del sábado pasado, “lamenta que el proceso electoral no proporcionara las condiciones para una participación libre de todas las fuerzas políticas del país, así como la ausencia de observación internacional ni local acreditada”. Y señala su disposición de acoger el diálogo emprendido por el Gobierno de Nicaragua con la OEA, “con el objetivo de fortalecer las instituciones democráticas del país”.
La verdad es que la comunidad democrática internacional, representada en este caso por la Unión Europea, la OEA y los EE. UU., ofrece a Daniel Ortega una magnífica oportunidad para resolver la crisis del sistema electoral de Nicaragua y restablecer la gobernanza democrática de acuerdo con los estándares internacionales. Si Ortega fuese un gobernante razonable, podría aprovechar ese apoyo internacional tan importante para impulsar los cambios políticos e institucionales que se requieren, cambiar el rumbo de su gobierno y emprender el camino de regreso al sistema democrático, comenzando por el electoral.
De esa manera Ortega podría reivindicarse ante el pueblo nicaragüense, ante la comunidad internacional y ante la historia, si es que esto fuera para él más importante que la ambición de detentar el poder al precio que sea.