Los ciudadanos nicaragüenses tienen derecho de conocer el informe del secretario general de la OEA, Luis Almagro, sobre la crisis política y electoral que sufre Nicaragua actualmente. El informe ya fue entregado al Gobierno de Nicaragua, según informó la OEA el domingo pasado, y ambas partes acordaron tomarlo como base para integrar una “Mesa de conversación e intercambio constructivo para analizar en forma conjunta los temas relacionados”.
El secretario general de la OEA se ha interesado directamente en la crisis electoral de Nicaragua desde junio pasado, cuando el régimen orteguista excluyó a la principal fuerza opositora del país —mediante una espuria resolución judicial— de la participación en las elecciones.
Después de reunirse con dirigentes opositores nicaragüense para recibir la denuncia de las violaciones del régimen de Daniel Ortega a la Carta Democrática Interamericana, cuyo cumplimiento es obligatorio para todos los Estados miembros de la OEA, Almagro expresó por medio de su cuenta de Twitter que la “convivencia democrática y pacífica de Nicaragua se asegura con elecciones transparentes y competitivas” en las cuales se garanticen los derechos de todos los candidatos.
El secretario general de la OEA se comprometió a elaborar un informe sobre Nicaragua, el que hasta ahora solo es conocido por el régimen orteguista pero debería ser del conocimiento público. El tema de la “mesa de conversación e intercambio” de la OEA con el régimen de Daniel Ortega no es un asunto burocrático secundario, se trata de la convivencia democrática y pacífica de los nicaragüenses que solo se puede asegurar mediante la celebración de elecciones, libres, transparentes y competitivas. Esto es un asunto fundamental que compete a todos los nicaragüenses y por lo tanto tienen derecho de conocer el informe de Almagro. Y si es que por reglamentos internos de la OEA el secretario general de la Organización no puede publicar su informe sobre Nicaragua, Ortega no solamente puede sino que tiene obligación de hacerlo.
La causa fundamental de la crisis política y electoral de Nicaragua es la falta de transparencia y autenticidad de los últimos procesos electorales. Como dice el secretario general Almagro, las elecciones limpias y justas son la base de la democracia y la transparencia es el factor clave para el funcionamiento de todo el sistema democrático. De manera que todo lo que la OEA y el Gobierno de Nicaragua lleven a la “mesa de conversación” sobre el problema electoral y los demás temas políticos que quieran abordar, tienen que tratarlo de manera transparente y manteniendo informado al pueblo nicaragüense.
La solución de la crisis política y electoral de Nicaragua es sencilla. Lo único que se tiene que hacer es convocar a elecciones verdaderas, transparentes, incluyentes y competitivas; así como respetar la pluralidad social, el pluralismo político y el principio de alternabilidad en el poder.
El diálogo de la OEA con el régimen orteguista no es ni debe de ser para legitimar un sistema dictatorial que viola la Carta Democrática Interamericana. Es para que Ortega convoque a elecciones libres y limpias tan pronto como sea posible y se abra así el camino al restablecimiento de la institucionalidad democrática en Nicaragua.