El país acumula ya casi 10 meses consecutivos de pérdida de reservas internacionales. Al 13 de octubre de 2016 el Banco Central había perdido 99.6 millones de dólares en reservas internacionales netas ajustadas (Rinas). Dada la importancia que reviste este indicador en la evaluación de la salud externa de la economía, vale la pena preguntarse sobre las razones de esta caída.
Existe un factor que contribuiría a explicar en gran medida este fenómeno, a saber, el cambio en los términos de la cooperación petrolera de Venezuela. Hasta el año pasado, la forma en que operaba dicha cooperación posibilitó que el país pudiese acumular anualmente reservas internacionales. Ello se debe a que, hasta el año pasado, el país virtualmente no tuvo que desembolsar divisas líquidas para pagar la voluminosa factura petrolera con ese país.
Como usted sabe, los hidrocarburos importados de Venezuela eran comercializados internamente por Albanisa. La mitad del producto de dicha comercialización quedaba en manos de las autoridades —formalmente era transferido a Caruna– y asumía la forma de un crédito que debía pagarse en un plazo de 25 años, con dos de gracia.
Aunque en los acuerdos suscritos con Venezuela se establecía que la otra mitad de la factura debía pagarse en efectivo, a los 90 días de arribo de los embarques, hasta el año pasado la otra mitad del producto de la comercialización de los hidrocarburos, en vez de utilizarse para efectuar este pago, se transfería a Albalinisa, para la compra de los alimentos a ser exportados a Venezuela; por esta razón no se desembolsaban divisas.
De esta manera, hasta el 2015 el país habría dejado de pagar más de 2,000 millones de dólares en divisas líquidas, en concepto de cancelación de la porción de la factura petrolera que debía pagarse en un plazo de 90 días. Como resulta evidente, si se hubiesen aplicado los acuerdos suscritos al pie de la letra y se hubiesen efectuado estos pagos en efectivo, el Banco Central no habría logrado acumular reservas internacionales cada año; todo lo contrario.
Sin embargo, el año pasado PDVSA, la empresa estatal venezolana que monopoliza la extracción y exportaciones de petróleo en ese país, decidió que, en lo sucesivo, debía acatarse estrictamente lo acordado: es decir, la mitad de la factura petrolera debía cancelarse en efectivo, en divisas líquidas, a los 90 días del arribo de los embarques de petróleo y derivados.
Para junio de 2016, esto habría representado el pago en efectivo —que antes no se hacía— de 108 millones de dólares en divisas líquidas, las cuales debieron ser compradas al Banco Central, generando una fortísima presión sobre las reservas internacionales. Al mismo tiempo, se debió comprar al Banco Central unos 78 millones de dólares adicionales para pagar la parte de la factura petrolera que no suministra Venezuela.
Finalmente, debe recordarse que en 2016 deben pagarse unos 213 millones de dólares en concepto del servicio (principal más intereses) de la deuda derivada del crédito petrolero. No se conoce el calendario de pagos de esta deuda, pero resulta evidente que los mismos representan otra fuente de presión sobre las reservas internacionales.
Ahora bien, del mismo modo que en el periodo de muy altos precios del petróleo el hecho de no desembolsar divisas para el pago de la factura petrolera con Venezuela posibilitó que el país lograra acumular anualmente reservas monetarias internacionales, los bajos precios actuales del petróleo determinan que los pagos por la mitad de dicha factura no sean de una magnitud tal que pudiesen dar lugar a una caída verdaderamente masiva de las reservas.
Por otra parte, la caída de las reservas del Banco Central podría haber sido contrarrestada en gran parte si el Gobierno hubiese transferido la totalidad de la fortísima sobrerrecaudación resultante de la sub-valuación de los ingresos fiscales a sus cuentas en el instituto emisor. Pero esto no ha ocurrido así.
(*) Economista
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