Fue presentado en Managua y se está presentando también internacionalmente el libro titulado El régimen de Ortega, un lúcido diagnóstico del tipo de gobierno que existe actualmente en Nicaragua.
Este libro está compuesto por varios ensayos de reconocidos profesionales e intelectuales democráticos, quienes analizan temas relacionados con la construcción, reversión y perversión de la democracia en Nicaragua; las reformas constitucionales y legislativas que pusieron fin al Estado de Derecho; el colapso del sistema electoral; el nuevo protagonismo militar y la relación del Ejército con el poder; la protesta, represión y monopolización privada de la violencia; los asedios a la libertad de expresión y el despilfarro de las oportunidades en la gestión económica del orteguismo.
Prologado por Edmundo Jarquín —quien a su vez es autor del ensayo sobre la reversión y la perversión de la democracia que con muchas dificultades se logró construir en el período de 1990 a 2007—, este libro deja completamente claro que el régimen de Daniel Ortega es una dictadura, la que tiene sus peculiaridades y diferencias respecto a las dictaduras anteriores que ha padecido Nicaragua, pero es una dictadura.
“Daniel Ortega ha consolidado un poder personal y familiar como nadie antes en la historia moderna de Nicaragua, incluidos los Somoza. Ha constituido un régimen sultanístico, en que la voluntad e intereses del sultán se confunden con los del Estado”, asegura Jarquín en el prólogo del libro El régimen de Ortega.
El jurista y profesor universitario Julio Icaza Gallard, señala en su ensayo sobre las reformas constitucionales y legales regresivas, que las limitaciones materiales y formales a la razón de Estado han dejado de funcionar, “desde que Daniel Ortega retomó el poder en Nicaragua y empezó a ejercerlo con un estilo autoritario que ha seguido un patrón de conducta invariable, por el que primero se viola la norma y, posteriormente, se reforma para legalizar lo ya hecho de manera violenta”.
Y así, cada uno de los demás ensayistas en los temas que van desarrollando: José Antonio Peraza en lo electoral, Elvira Cuadra en lo militar, Uriel Pineda en el tema de la represión y la violencia, Guillermo Rothschuh Villanueva en la libertad de expresión y Enrique Sáenz en lo económico, nos llevan por distintos caminos temáticos a la conclusión que algunos todavía no quieren reconocer, o sea, que el régimen de Daniel Ortega es simple y sencillamente una dictadura.
Definir la naturaleza del régimen orteguista no es un mero ejercicio intelectual. Por el contrario, significa identificar al adversario político, llamarlo directamente por su nombre —sin eufemismos timoratos ni piruetas verbales oportunistas—, lo cual es indispensable para saber contra qué y quién se está luchando realmente y de esa manera tener claridad de cómo es que sería posible derrotarlo.
El orteguismo “forma parte de la historia del despotismo en Nicaragua”, dice Edmundo Jarquín. Esto es algo necesario de entender para estar claros de que el orteguismo no es un adversario político dentro de un sistema democrático, sino de un enemigo mortal de la democracia.