Ley de APP y transparencia

La semana pasada fue aprobada en la Asamblea Nacional la ley de Asociación Público Privada (APP), una  iniciativa del Gobierno que fue consensuada previamente con la empresa privada nicaragüense.

Como es habitual en Nicaragua, bajo el sistema dictatorial impuesto por Daniel Ortega, la ley APP fue aprobada por los diputados   mediante el trámite de urgencia, sin que ninguno de ellos tuviera la oportunidad —pero tampoco el interés, salvo alguna excepción—, de proponer enmiendas al proyecto oficialista pactado con el empresariado.

Por sus fines,  la Ley APP es necesaria. Leyes de este tipo existen en muchos países del mundo, algunos de ellos tan  pobres y atrasados como Nicaragua, por ejemplo Mozambique, Cambodia y otros de África y  Asia. Varios países de   América Latina  cuentan ya con leyes  de asociación de recursos públicos y privados  y sus resultados han sido provechosos en términos generales.

El objetivo  de la ley APP es incentivar y  fortalecer las inversiones públicas y privadas, sobre todo en las  infraestructuras que el país necesita pero el Estado no tiene capacidad para financiarlas por sí solo. Un ejemplo podría ser el de las autopistas, que el Gobierno no puede construirlas pero la empresa privada nacional o extranjera podría invertir el capital necesario para hacerlas y recuperar la inversión por medio del cobro de peaje,  o derecho de tránsito. En este caso —es muy importante dejarlo claro—, al lado de las rutas de peaje tendrían que haber las carreteras públicas,  en las que se pueda circular gratuitamente   pero  sin  poder aprovechar la rapidez propia de las vías pagadas.

Lo esencial en este caso —inclusive así lo recomienda el Banco Mundial—, es que las leyes de APP sean consistentes con el orden legal del país y particularmente que haya “un equilibrio entre las reglas de juego establecidas que promuevan la transparencia y la imposición de restricciones generales que puedan afectar a los equipos de licitación”.

Transparencia es el elemento clave, sobre todo en un país como Nicaragua  donde impera un régimen autoritario  que entre otras características anormales tiene la  de ser turbio  en el manejo de los negocios públicos.

En la aprobación de la ley APP  se ha visto la arbitrariedad,  inclusive la  violación a la norma constitucional.  Acerca de esto, el  jurista constitucionalista Gabriel Álvarez declaró a LA PRENSA que al ser  aprobada de manera autoritaria esta pieza legislativa,  fueron cercenadas facultades de los diputados y se violentó el procedimiento de formación de la ley.  Pero además,  dijo Álvarez, supone un riesgo para que haya corrupción en la aprobación de las concesiones y negociación de los contratos, por la centralización presidencial  y sobre todo la  falta de suficientes mecanismos de control. La advertencia es  válida, considerando que el Estado de Nicaragua,   es reconocido internacionalmente como uno de los más corruptos del mundo.

La empresa privada tendrá que asumir ante la nación  la responsabilidad  de velar por la transparencia en la aplicación de la ley APP, mientras llega el momento de recuperar la democracia y reconstruir   el sistema de controles que requiere un Estado transparente y decente.

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