“El cedro nunca deja de crecer”.
Este árbol aromático que crece en las zonas montañosas del Himalaya, tiene su característica de no tener un tronco central. Sus ramas se convierten en un nuevo árbol, así nunca dejan de existir, situación que me arrebató la atención por la similitud que tiene con el individuo, pues con cada experiencia crecemos y esto sucede a cada momento aunque no seamos conscientes de ello.
Solo al pasar el tiempo nos enteramos de cuánto hemos acumulado en el transcurso de los años vividos, ya sea de manera formal e informal, por la existencia misma o la lectura maravillosa que nos hacen cada vez acumular nuevos conocimientos, los que vamos sumando con la interpretación de los sucesos de la vida.
Cada uno tiene un camino que recorrer y se convierte en una historia majestuosa, dado que vivimos experiencias y costumbres novedosas, trágicas, felices, pletóricas de alegría o de dolores.
Mientras vivamos, nunca dejaremos de crecer, estar atentos a lo que se vive cada día, cada instante es mucho más enriquecedor si estamos despiertos, que aunque eso no volverá jamás, ya lo vivimos y pasa a ser parte de nuestra historia la que nos va acompañar hasta que dejemos de existir.
Aun así esta historia se prolongará con nuestros mensajes que llevemos a nuestros hijos y a la sociedad, extensión que se transmuta a cada ser, por haber vivido cada momento y que nunca dejamos de crecer.
Vivamos cada momento intensamente feliz.
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