Kenny Bell

UE y el reto del cambio climático

En el tiempo que tengo de estar en Nicaragua, he tenido la oportunidad de recorrer varias comunidades del país con el objetivo de conocer el trabajo que hacemos para mejorar la calidad de vida de los nicaragüenses. Soy afortunado, también he podido disfrutar de las bellezas naturales, la cultura y de la amabilidad de su gente. Recientemente visité Bluefields y Laguna de Perlas donde me cautivó la majestuosidad de sus paisajes.

En mi estancia, he sabido de los esfuerzos del Gobierno por diversificar la matriz energética y hacerla más independiente de los combustibles fósiles. He conocido de cerca el compromiso y el trabajo de los jóvenes nicaragüenses con la preservación del medioambiente. Pero a la vez, he podido constatar la vulnerabilidad del país respecto al cambio climático, lo que me lleva a subrayar la importancia de que sigamos trabajando juntos para frenar y mitigar el impacto de este fenómeno.

En diciembre de 2015, 195 países se reunieron en París para negociar un nuevo acuerdo internacional sobre el clima en virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Las negociaciones dieron sus frutos y por primera vez en la historia tenemos un acuerdo universal y vinculante. En París también se acordó un plan de acción para limitar la subida de la temperatura del planeta por encima de los 2°C, frontera térmica a partir de la cual los efectos del cambio climático resultarían devastadores. Asimismo los países acordaron proseguir los esfuerzos para alcanzar una meta aún más ambiciosa y limitar la subida a 1.5 °C.

Hoy, diez meses después, la Unión Europea (UE) sigue estando muy orgullosa de este ambicioso acuerdo. Pero nuestros esfuerzos deben dirigirse ahora a aplicar medidas concretas. Y eso incluye el trabajo que realizamos dentro de la UE y fuera de nuestras fronteras.

Este año, muchos de nuestros socios han mantenido el impulso político en favor de la acción por el clima y más de 180 países han firmado el Acuerdo de París y 22 han finalizado sus procedimientos de ratificación.

En la UE también nos estamos tomando muy en serio la aplicación del Acuerdo. Por un lado, trabajamos en cada uno de nuestros 28 Estados miembros aplicando políticas para alcanzar un ambicioso objetivo: reducir las emisiones en un 40 por ciento como mínimo para 2030 e impulsar la transición hacia una economía baja en carbono.

Con nuestra experiencia de más de dos décadas hemos comprobado y demostrado que se pueden tomar medidas contra el cambio climático sin reducir el crecimiento económico. Desde 1990 nuestras emisiones disminuyeron en un 23 por ciento, mientras que el PIB de la UE creció un 46 por ciento. Durante estos años se han creado nuevos puestos de trabajo, empresas, tecnologías y ventajas competitivas ligadas a una economía compatible con el clima.

El reto del cambio climático es global y somos conscientes de que muchos de nuestros socios tienen menos experiencia en el desarrollo y aplicación de políticas climáticas ambiciosas. Sabemos que los países desarrollados y las principales economías tienen la responsabilidad específica de asumir el liderazgo, tanto internamente como externamente, apoyando a los países más vulnerables a hacer la transición hacia economías resistentes al cambio climático. Estamos dispuestos a compartir nuestras experiencias y las lecciones que aprendimos en el camino en beneficio de otros. Y de hecho ya disponemos de una extensa cooperación en políticas climáticas con algunos de nuestros socios principales, incluyendo a Centroamérica.

En el marco de nuestra cooperación al desarrollo, estamos apoyando a Nicaragua y los países de la región. En nuestra estrategia de cooperación con Nicaragua para el período 2014-2020, se prevé un total de 204 millones de euros, de los cuales 50 millones serán destinados a la adaptación al cambio climático, haciendo hincapié en el vínculo entre el medio ambiente y los derechos humanos, especialmente en los derechos socioeconómicos y la vulnerabilidad de grupos específicos, como las mujeres, los niños, y las comunidades indígenas. Por otro lado, en la cooperación regional 2014-2020, se prevé un total de 120 millones de euros, de los cuales 35 millones estarán destinados a acciones que contribuyan a la sostenibilidad medioambiental.

En este marco, hemos puesto en marcha proyectos vinculados a la gestión integral del manejo de la roya del café, fortalecimiento de capacidades para la promoción de la producción agroecológica, apoyo a la cadena de valor de la madera, apoyo a la producción de semillas de granos básicos para la seguridad alimentaria, proyectos de energías y de eficiencia energética, gestión mancomunada y sostenible de los recursos naturales del Golfo de Fonseca, conservación y gestión efectiva de la biodiversidad marina, etc.

Y en esas iniciativas no solo los gobiernos deben actuar. Las ciudades, las empresas y la sociedad civil igualmente tienen un papel crucial que desempeñar en la implementación de acciones a favor del clima. En este sentido, la UE también apoya a las organizaciones de la sociedad civil y autoridades locales. Son ejemplo de éxito iniciativas trinacionales como Ecopesca que ha beneficiado a más de 3,000 personas y el proyecto GolFonseca, que beneficia a más de 820 mil habitantes.

París marcó un hito en la protección del planeta para las generaciones futuras. Debemos mantener este impulso en los próximos meses y años, porque el premio vale la pena: una mayor seguridad energética, la reducción de las emisiones y la eficiencia energética y la innovación impulsada por el crecimiento. El esfuerzo y la solidaridad global de reducir los efectos del cambio climático es una oportunidad para Nicaragua y la región de desarrollar una economía verdaderamente sostenible mediante proyectos de mitigación en los sectores de energía limpia y ahorro, agricultura climáticamente inteligente, manejo forestal y reforestación, transporte sostenible y gestión de residuos sólidos. Todavía nos queda mucho trabajo que hacer, seguiremos trabajando en permanente colaboración con nuestros socios de Nicaragua y Centroamérica.

El autor es embajador, Jefe de la Delegación de la Unión Europea para Nicaragua, Panamá y ante el SICA.

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