En la política hay muy pocos santos. La mayoría de los que bregan en el “lado oscuro” —a como algunos llaman la política— son mal vistos por muchos, especialmente en países en donde hay una gran polarización y en donde la cultura e historia política dejan mucho que desear como en Nicaragua. Pero sí hay algunos políticos buenos y patriotas. Hombres y mujeres que sobresalen en el deporte de contacto que es la política. Una de estos fue mi amigo, René Núñez Téllez, quien acaba de fallecer en Costa Rica.
Conocí a René por primera vez en enero de 2007. En ese entonces yo asumí el cargo de diputado del PLC y él de diputado por el FSLN. Durante cinco años trabajamos junto. Él como presidente de la Asamblea Nacional y yo como presidente inicialmente de la comisión económica y posteriormente de la de asuntos exteriores. Durante ese quinquenio llegué a tener un gran aprecio y respeto por mi coterráneo leonés.
Militábamos en diferentes aceras política, pero me percaté muy rápidamente de las habilidades y calidad humana de René. Se dedicó a tiempo completo al arduo trabajo de presidente de un parlamento en donde su bancada no era mayoritaria. Desde el podio manejó el hemiciclo con astucia, con inteligencia y sabiduría —que no son la misma cosa— y con gran clase. Esto no fue nada fácil. René siempre fue respetuoso de todos los diputados y un trabajador insigne no solo cuando el plenario del parlamento estaba sesionando sino que durante las semanas que trabajan las comisiones. René era incansable, a pesar de sus dificultades de salud.
Fue un gran conocedor de la Constitución Política de Nicaragua y de la Ley Orgánica del poder legislativo. Estos conocimientos, al igual que su vasta experiencia política y su sano criterio, fueron una gran ayuda para él —y para nosotros los diputados— durante el quinquenio 2007-2011. Gracias en gran parte a René, considero que nuestro parlamento funcionó. Bajo su liderazgo, por ejemplo, la Asamblea Nacional aprobó cinco presupuestos responsables que fueron el fundamento del programa económico y financiero de Nicaragua y que contribuyeron poderosamente a la prosperidad que tenemos. Esto nadie se imaginó que ocurriría en enero de 2007.
René también fue un patriota. En mi oficina tengo una fotografía, que René me regaló, de una delegación del parlamento tomada en Harbour Head a finales del 2010 durante una de las tantas disputas fronterizas que hemos tenido con la hermana República de Costa Rica. Esta visita fue iniciativa de René. Y recuerdo como René jugó un papel decisivo en la colocación de una serie de fotografías históricas de momentos claves de nuestra historia a lo largo de la antigua Avenida Roosevelt. Previo a la inauguración de este proyecto, me dijo que su esperanza era que este despliegue, en donde procuró relatar nuestra historia objetivamente, serviría para despertar en la ciudadanía un mayor conocimiento y amor por nuestra patria.
Un último punto. René, al igual que los hombres públicos aquí y en todos lados, tuvo que trabajar dentro de un marco político difícil e imperfecto. Pero estoy convencido que este hombre, bueno y sencillo, tenía como norte fortalecer la institucionalidad del parlamento a que tanto quiso. Por eso considero a René un gran nicaragüense. Y por eso, su muerte ha dejado enfermo mi corazón.
El autor fue diputado por el PLC.