Crítica de cine: No respires

Nuestro critico de cine, Juan Carlos Ampié, ya el estreno de cine No Respires. Lea en Revista Domingo qué le pareció .

El director uruguayo Fede Álvarez llamó la atención de Hollywood con Panick Attack!, un corto de ciencia ficción de 5 minutos que se distribuyó libremente por YouTube. Platillos voladores y robots gigantes invaden Montevideo, en una persuasiva mezcla de video y animación digital. Sam Raimi, el creador de la primera trilogía de Spider Man, lo seleccionó para dirigir una nueva versión de Evil Dead, su clásico filme de culto estrenado en 1981. Como el original, la versión de Álvarez, estrenada en 2013, no trascendió al nicho de audiencia que favorece el horror visceral. Su nueva película, No respires, supone un avance firme sobre el favor del público masivo. La película sorprendió al conquistar el primer lugar en audiencia durante sus primeras dos semanas en cines de Estados Unidos. A la fecha, lleva mas de 60 millones de dólares recaudados, solo en ese mercado. Una cifra nada despreciable para una cinta con un presupuesto relativamente modesto, de 10 millones de dólares. Pero los fans del horror pueden estar tranquilos. Álvarez no ha abandonado las convenciones del género. No respires triunfa en el multicine, pero tampoco estaría fuera de lugar en el “grindhouse”.

Arrancamos con una imagen chocante. En una calle gris, un hombre arrastra tras de sí el cuerpo de una muchacha, dejando a su paso una estela de sangre. Saltamos en el tiempo a unos días atrás. Reconocemos a la muchacha en Roxanne, o “Rocky”, como la llaman sus amigos. Junto a su novio Money (Daniel Zovatto), y el menor Alex (Dylan Minette), el trío conforma una pequeña pandilla de ladronzuelos. El padre de Alex trabaja en una empresa de seguridad. Con acceso a su información, identifican casas adineradas y las invaden sin ser detectados. Solo roban objetos, y cuidan manejarse bajo el límite de 10,000 dólares, para no arriesgar penas carcelarias grandes.

Juan Carlos Ampié
Crítico de cine, Juan Carlos Ampié.

Las escenas que introducen a los tres personajes principales son efectivas a la hora de definir sus circunstancias, revelar la naturaleza de sus relaciones interpersonales y justificar ante el espectador sus acciones futuras. La desesperación de Rocky por huir de su madre tóxica y llevarse consigo a su hermana menor los empuja a cometer un crimen mayor: robar la fortuna que un ciego veterano de guerra (Stephen Lang) oculta en su ruinosa casa. El pequeño Alex está enamorado platónicamente de Rocky, y eso lo hace abandonar el poco buen juicio que le quedaba. Money, impulsivo y de pocas luces, solo quiere dinero fácil. Los tres se pondrán a prueba cuando descubran que el ciego no es tan desvalido como parece.
Una vez dentro de la casa, la película se convierte en una cadena de complicaciones que tuerce constantemente sus expectativas. La dinámica de violentas frustraciones oculta varios giros inesperados.

Las circunstancias grotescas van de la mano con el estilo en el cual Álvarez trafica. De hecho, son planteadas con una contención inesperada. Su as bajo la manda es Stephen Lang, hombre de acción que hace gala de un estoicismo pavoroso, más aterrador que cualquier demonio invocado en The Evil Dead.
Trabajando con colegas desde sus tiempos en Uruguay —el coguionista Rodo Sayagues, el director de fotografía Pedro Luque y el compositor Roque Baños—, Álvarez aprovecha al máximo el escenario de la casa. No respires es un pequeño triunfo de diseño de producción y puesta en escena. El ingenio de su cámara permite superar algunos eventos que desafían la credibilidad. Pero esto es un común en este género. Breve, eficiente y brutal, No respires lo mantendrá al borde de su asiento. Si tiene el estómago para aguantarla.

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