Edgard Rodríguez C.

Zona de Strikes: Alexis Argüello y “Chocolatito” González

Román “Chocolatito” González ya había ganado unas cuantas peleítas como púgil amateur. Su nombre comenzaba a sonar en los medios y se hablaba de su gran futuro.

Román “Chocolatito” González ya había ganado unas cuantas peleítas como púgil amateur. Su nombre comenzaba a sonar en los medios y se hablaba de su gran futuro.

Así que una tarde entró al gimnasio Róger Deshón, en Managua, y se dirigió hacia su mentor Alexis Argüello, esperando una felicitación tras su más reciente triunfo.

“Salí de aquí, volvés a entrar y decís: ‘Buenas tardes’, porque no saludaste. Aquí el campeón soy yo, no me jodás”, fue el recibimiento que le hizo Argüello aquel día.

Aquel episodio sin embargo, no alteró en nada la admiración que Román tenía (y aún tiene) por Alexis, pese a que las fricciones fueron parte de la relación.

Román comenzó a moverse en el ring como Alexis. A vestirse como Alexis. A pelear como Alexis. De él aprendió también a respetar a sus rivales y a actuar como un caballero.

El “Chocolatito” de ahora, es boxísticamente mejor que Alexis. Su estilo es más fino y su golpeo más preciso. Pero el “Flaco” continúa siendo el consentido de los fanáticos, el icono del deporte nacional.

Argüello —al igual que Román— entendió lo que significaba para nuestro país y se comprometió a ser lo mejor que su potencial y su dedicación le permitieron.

Su formidable talento, sus demostraciones heroicas, su proximidad con la gente y su personalidad magnética, hicieron de Alexis, el más grande, el más especial de todos.

Ahora Román camina sobre sus propias huellas y va escribiendo su historia. Este sábado irá en busca de una cuarta corona. Si la consigue habrá elevado la vara hasta donde nadie lo ha conseguido.

En cierta ocasión, Román fue invitado a una entrevista en un programa matutino de televisión, pero tuvo una condición: «Teneme lista una Coca-Cola para cuando llegue», dijo. ¿Tan temprano? consultó el presentador. «Es locura mía», dijo González, para luego agregar, «la verdad, es que Alexis también la pedía así», explicó.

“Mediocre alumno es aquel que no supera a su maestro”, dijo Da Vinci. Alexis hizo su historia. Román escribe la suya. De las comparaciones se encargará el futuro.

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