Nicanor Parra cumplió ayer 102 años, se espera que como cada 5 de septiembre, sus vecinos de Las Cruces lleguen hasta su casa para saludarlo y ofrecerle un vaso de vino y una empanada y cantarle el tradicional “Cumpleaños feliz”.
Nacido en 1914 en la localidad sureña de San Fabián de Alico, Nicanor es el mayor de nueve hermanos y el único superviviente de la camada.
La familia Parra, todos artistas talentosos, es considerada por esa razón una de las más importantes de la historia de Chile en el último siglo, con Violeta como principal figura junto con Nicanor, pero además con creadores como Roberto y Eduardo entre los más reconocidos.
Las canciones de Violeta son conocidas en el mundo entero, sus décimas han sido elogiadas por la crítica; La negra Esther, nacida de versos autobiográficos de Roberto Parra, es la obra teatral más vista en la historia de Chile y Eduardo Parra ha sido ungido como el creador de un peculiar estilo musical: el hazz huachaca.
Nicanor es el creador de la antipoesía, una forma de relato con el que a mediados del siglo pasado proclamó el fin “de la poesía del tonto solemne”, con la que según destacó Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, cuando Nicanor cumplió un siglo, hace un par de años, despojó a la poesía de subjetividad.
Según dijo una vez el propio Nicanor, se trata de un objetivo que subyace en todos los creadores literarios y que hace casi mil años emprendió Gonzalo de Berceo cuando dijo: “Quiero hacer una copla en román paladino, como suele el pueblo hablar a su vecino”.
Autor de Cancionero sin nombre (1954), Poemas y antipoemas (1954), Versos de salón (1963), Canciones rusas; Obra gruesa (1971), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1979), Hojas de Parra (1985), La Sagrada Familia, (1997), son algunas de sus obras principales de antipoesía.
La Antipoesía a la que agregó después sus célebres y explosivos Artefactos (La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas, Cuba sí, yanquis también) y elogiadas traducciones de obras de Shakespeare (Lear, Príncipe & Mendigo, 2004), le han significado a Parra un reconocimiento general en gran parte del mundo.
DISTINCIONES
El Premio Nacional de Literatura (1969), Premio Juan Rulfo (1991), Honorary Fellow, Saint Catharines College, Universidad de Oxford (2000), Premio Reina Sofía de Poesía (2001), el Premio Miguel de Cervantes (2011) y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2012) son algunos de los galardones que ha cosechado durante su vida creativa.
Muchas veces su nombre ha rondado la concesión del Premio Nobel de Literatura, pero hace ya varios años que renunció a ilusionarse. “Estoy más cerca de los cipreses que de los laureles”, dijo una vez.
Las Instalaciones de Parra son otro hito de su obra, a veces no comprendidas del todo o incluso rechazadas, como un crucifijo sin la figura de Cristo, en cuyo lugar hay un letrero que dice “Voy y vuelvo” o cuando “ahorcó” las figuras de los presidentes de Chile.
En Las Cruces, donde hace tiempo dedicaba momentos a mirar con un catalejo la tumba de Pablo Neruda, hacia el norte, o la de Vicente Huidobro, al sur, Parra no abandona su quehacer creativo, según sus cercanos, pese a que hace ya bastantes años que escribió: “Ya no me queda nada por decir/ Todo lo que tenía que decir/ Ha sido dicho no sé cuántas veces”.