¿Acaso no la hemos visto venir?

Desde hace rato me siento inquieta al ver cómo mi patria, va en carrera desaforada a algo tan insólito que ya no sabemos cómo llamarle: si monarquía, monarquía criolla, sultanía, obra de teatro, dictadura, circo

Desde hace rato me siento inquieta al ver cómo mi patria, va en carrera desaforada a algo tan insólito que ya no sabemos cómo llamarle: si monarquía, monarquía criolla, sultanía, obra de teatro, dictadura, circo. En fin toda clase de apelativo donde no cabe la descripción de democracia. Y ese “atavismo” es tan ridículo, tan obsoleto, tan irreverente, tan todo y tan nada, que a estas alturas del año electoral, finalmente nos ha sumido en una profunda consternación. La preocupación se siente y las interrogantes han salido a luz.

Los vejámenes a la Constitución, los recientes acontecimientos políticos, y los constantes abusos de poder nos han dejado totalmente sometidos, sin libertad, con la incógnita en cada nicaragüense, de qué hacer con nuestro voto el 6 de noviembre próximo.

Tal disyuntiva, me recuerda a los exámenes finales de matemáticas, que era para mí, la materia menos favorita. La dejaba para reparación y era entonces que retomaba la dedicación necesaria, suficiente para pasar “de arrastrada”. A última hora, como en el caso de nuestro voto en las próximas elecciones. Demasiado tarde para evitar poner en escena la obra de teatro anunciada, porque la hemos visto venir. Al principio dando pequeños pasos, luego más grandes y finalmente de dos o tres zancadas, nos alcanzó.

Si, la hemos visto venir… solapada, irrespetuosa, predecible, insensible, oculta, estruendosa… ¡Como la misma muerte! Tenemos certeza de que un día nos tocará. Mas todo sucede en el subconsciente, esperando quizás la intervención divina para evitar lo inevitable, porque como siempre, pensamos que no es el momento bajo el sol.

Y ahora que la tenemos enfrente, nos preguntamos qué hacer. Las tímidas denuncias salen a flote y las sutiles protestas nos invaden. Y aquellos que se han acomodado porque “nos dejan hacer…” preocupados. Los beneficiados con los “generosos programas sociales”, preocupados. Los que prestan su nombre, preocupados. Los olvidadizos, preocupados. Los preocupados, más preocupados. Y los jóvenes sin memoria histórica porque no habían nacido cuando el país colapsó por una revolución solamente para unos cuántos, preocupados, y llegan hoy donde los abuelos a preguntar sobre esos años de sangre y muerte, de exilio y lágrimas. Y es hasta ahora, cuando solamente faltan dos meses para las elecciones, que reaccionamos. Demasiado tarde, aún para pasar de “arrastrada”.

Si es inevitable la muerte de la recién estrenada democracia, y si no podemos impedir que se abran los telones de la obra de teatro que por cinco años más viviremos día a día, y más déspota que los diez años anteriores, ojalá nos quede en la conciencia la inquietud de extirpar desde la raíz, ese cáncer maligno, como es la crisis social, política y moral; consecuencia de los valores trastocados de una sociedad al revés, en cuyo diccionario, los sinónimos y antónimos se confunden y el significado de palabras se lee e interpreta a conveniencia del más influyente:  un asesinato es un suicido. La corrupción es viveza. La democracia es tiranía. La libertad, abuso de poder.

¿Votar o no votar? realmente ese no debe de ser el dilema… ¡como si el triunfo no estuviera ya preestablecido!… El problema es más profundo; de raíces gruesas y tentáculos afilados, que han ido socavando y carcomiendo la invisible pero inequívoca línea que diferencia el bien del mal, cediéndole paso al mal ejemplo: de los padres a los hijos, del gobernante a los ciudadanos, del jefe a los colaboradores.

Y la lista sigue y los eslabones de la cadena aumentan y la falta de ética prevalece y la ambición desmedida de poder, se multiplica. La descarada corrupción se prolifera, enriqueciendo arcas personales; y el pecado de omisión cuando de actuar por el bien común se trata, pareciera que ya no es cosa para quitar el sueño. ¿Será que de tanto golpe hasta la conciencia se entume?

¿Votar o no votar? Si, votemos, pero por una juventud saludable, fortalecida de valores. Votemos por una sociedad libre de carcinomas. Votemos para que el atuendo de la patria regrese a sus diáfanos colores. Y así, en unos años, tendremos la opción de depositar en las urnas un voto digno para bienaventuranza de todos los nicaragüenses.

La autora es escritora.

Columna del día libertad Nicaragua archivo

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COMENTARIOS

  1. Juan Perez
    Hace 10 años

    Hace rato que yo ni siquiera les dejaba un comentario a articulospublicados por la prensa. Muy buena la descripcion de los tentaculos afilados. Felicidades, muy buen articulo.

  2. Flor del Café
    Hace 10 años

    Excelente artículo, tenía un buen rato de no leer uno tan bueno como éste. Felicidades a la escritora.

  3. Omar
    Hace 10 años

    Caudillismo la raiz y causa del problema (caudillo,escoje diputados) ((diputados lealtadad a caudillo)) sistemita que rige en defacto modo a los tres poderes de gobierno,por ESO siempre estan Las esfinges delos tiranos en todos Los entes del gobierno y sus respectivas banderas! Casi como para sentirse omnipresentes

  4. Omar
    Hace 10 años

    Buen Tema Bella dama,solo Le hizo falta agregarle que sistema caudillista es raiz del problema,todos nuestros satrapas dictadores Han sido producto de tal sistema de facto que inhibe nuestros esfuerzos democraticos,(caudillo,escoje diputados)(diputados lealtad a su amo) y la ciudadania,el Pueblo,donde queda?

  5. Omar
    Hace 10 años

    Bonito articulo Bella dama,pero hay que agregarle,la hemos visto llegar por que tenemos sistema caudillista,siendo este el problema! De raiz de donde Han nacido nuestros satrapas dictadores apoyados por sus diputados(NO postulados por ciudadania) por tal la incipiente democracia SE Vera siempre comprometida a tal defacto sistema a fallar (circulo vicioso)

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