Quiero dedicar mis próximos artículos a diferentes personajes del entorno familiar en la sociedad nicaragüense, sean estos miembros directos o indirectos, pero que tienen una trascendencia en el desarrollo del ser humano.
Recuerdo que hace muchos años mientras mi padre jugaba con mi hijo mayor Daniel, alguien se me acercó y me dijo qué importante son los abuelos en la formación de los niños. Claro, me dije, si yo tuve un abuelo extraordinario que me dejó tanto durante los años que compartimos y que hoy añoro con tanta nostalgia.
La palabra abuelo proviene en su etimología del latín vulgar aviolus que a su vez se derivó del latín clásico avus. El abuelo es el ascendiente varón en segundo grado de línea de parentesco ascendente por línea femenina o masculina de una persona que pasa a ser nieto; o sea es el padre de la madre o el padre del padre.
La importancia de los abuelos en la vida de los niños es considerablemente significativa, los abuelos marcan la vida de sus nietos, los cuidan, los acompañan, los apoyan en sus obligaciones, los miman en su alimentación, pero sobre todo comparten sus experiencias de vida y su sabiduría cultivada a través de los años. Son amigos confidentes, maestros y cómplices.
Definitivamente se vuelven por decirlo así, en unos segundos padres, convirtiéndose en el eje fundamental, en el equilibrio y en muchas ocasiones el sustento del hogar.
La realidad es que nuestros abuelos son la base de nuestra historia personal. Todo ser humano tiene la curiosidad de conocer sus raíces, su historia, de dónde viene, y los abuelos representan esa parte de su pasado que forma nuestras vidas.
Existe una gran diferencia entre ser padre y ser abuelo, uno mismo va experimentando con los años cómo muchos conceptos van cambiando en nuestro interior y la rigidez y exigencia con que vemos las diferentes situaciones de nuestros hijos se van convirtiendo con el tiempo en tolerancia, complacencia y una forma diferente de ver la vida y de querer manifestarla y transmitirla a los demás; aclaro que ambas etapas con amor paternal pero este expresado de una forma diferente.
Mientras el padre exige buenas notas, orden, disciplina, horarios fijos en la casa, el abuelo entiende el aprendizaje de otra forma y no existen los horarios para los nietos, pueden jugar a cualquier hora, brincar en la cama, dormirse en sus brazos y hasta faltar a clase ocasionalmente, ese es el abuelo el que te consiente y en la noche te acompaña hasta dormirte. Hay que recordar como me dijo mi hijo Daniel que el padre tiene una tarea diferente en las etapas del niño a la adolescencia y luego a adulto, en cambio el abuelo tiene la oportunidad de enseñar a través de sus vivencias.
Es maravilloso y una bendición tener abuelos y es una vivencia ver cómo el padre de uno se convierte en abuelo y de repente pasa el fenómeno, el padre exigente y estricto se convierte súbitamente en un consentidor y hasta alcahueta y todos nos decimos, cuando yo era niño jamás hubiera podido hacer eso… Ya no es padre, ahora es abuelo.
Es importante que todos aquellos que tengan abuelos aprovechen cada momento de esta etapa de este ser tan querido para aprender y conocer más de la vida, escuchar anécdotas incomparables, conocer historias vividas y especialmente sentir un afecto diferente.
Sirva este artículo como homenaje a todos los abuelos, en especial a dos de ellos, a mi abuelo Gustavo a quien le decíamos “Papayo” y quien se dedicó a consentirme durante los 22 años que lo tuve vivo, lo llevo conmigo siempre, y a mi padre Pablo a quien vi convertirse en un gran abuelo y que hoy lo veo actuar con los nietos con tanto amor y sapiencia. Dos grandes ejemplos para algún día convertirme en un buen abuelo.
El autor es Cirujano Pediatra.