Alexander Espinoza es el nicaragüense que compite en el PGA Tour Latinoamérica. LA PRENSA/JADER FLORE

Alexander Espinoza, el caddie golfista

Cuando pisó por primera vez un campo de golf a los 12 años, Alexander Espinoza a lo más que podía aspirar en su juventud era ser un caddie, ese compañero del golfista que se dedica a dar apoyo, cargar el bolso, pasar los palos e indicar de las condiciones del terreno.

Cuando pisó por primera vez un campo de golf a los 12 años, Alexander Espinoza a lo más que podía aspirar en su juventud era ser un caddie, ese compañero del golfista que se dedica a dar apoyo, cargar el bolso, pasar los palos e indicar de las condiciones del terreno.

Sin embargo, no se detuvo en su lucha por la superación y 15 años después vive su fantasía al ser uno de los tres nicaragüenses que participan en el PGA Tour Latinoamérica que despega hoy en el campo de golf de Guacalito de la Isla.

Se escucha el aterrizaje de las olas sobre la costa, el viento sopla y sopla, el sol calienta el campo de golf diseñado por el escocés David McLay, el cual es vecino del mar, y allí en medio muchos competidores extranjeros haciendo sus prácticas previo al inicio del PGA Tour Latinoamérica, está el nicaragüense Espinoza con su palo de golf alzado, haciendo el swing que rompió las barreras.

“¿Yo jugando este deporte tan caro que es de la gente blanca y con las posibilidades económicas? Era imposible pensarlo. Pero Dios me dio un don. Me levanto todas las mañanas y le agradezco en oración”, indica Espinoza con su agradable sencillez.

LA POBREZA LO AGOBIABA

Alexander llegó al golf por el agobio que produce la pobreza. Originario de Esquipulas, Managua, su mamá es ama de casa y su papá agricultor, han sido su fuente de motivación para saltar la barrera de lo desconocido. Ahora estudia Contaduría Pública en la Unicit. Ya no es aquel muchachito con pensamientos limitados y encerrado en las cuatro paredes que produce la necesidad.

“Sigo siendo un caddie pero también compito. Nadie me enseñó, aprendí solito con lo que miraba y escuchaba”, dice orgulloso el muchacho de 27 años corpulento y amable, de piel maltratada pero objetivos concretos.

“Pienso seguir estudiando y ser un profesional tanto en el deporte como en lo educativo. Sabes que sin el apoyo de mi jefe Armando Castillo y Christina Terán y los demás socios del Country Club no estuviera donde estoy ahora”, relata Espinoza, quien ganó torneos en el 2008, 2009, 2011 y 2014.

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