Todd Phillips conquistó la taquilla con la trilogía de comedias ¿Qué Pasó Ayer? (The Hangover), una celebración de la masculinidad tóxica. Ahora apunta a convertirse en un cineasta de consecuencia.
Amigos en Armas (War Dogs) está basada en una historia escrita por el periodista Guy Lawson y publicada en la revista Rolling Stone. Retrata el ascenso y caída de dos mercaderes de armas que manipulan el sistema para volverse ricos pertrechando al Pentágono durante la guerra en Irak. David Packouz (Miles Teller) es un joven sin dirección, tratando infructuosamente de hacer suficiente dinero para mantener a su familia. Todo cambia cuando Efraim Diveroli (Jonah Hill), su amigo de infancia, reaparece en su vida, reclutándolo para trabajar con él.
Efraim es una especie de Mefistófeles. Corrompe a un protagonista esencialmente bueno con promesas de riqueza fácil. También es una especie de ego desatado: hedonista y casualmente violento, contrasta radicalmente con el manso David. Mientras uno se preocupa por su esposa e hija, Efraim solo piensa en conquistar mujeres en las discotecas. Ambos son caricaturas y aunque la película asume el punto de vista del hombre de familia, celebra la inmoralidad de Efraim con puntuación cómica. La violencia de la guerra permanece fuera de cámara, pero la belicosidad, como cualidad masculina, es celebrada. Efraim fetichiza las armas y tiene un póster de Al Pacino, como Scarface, en su oficina.
Hasta el marketing del filme asume la pose, emulando el afiche del clásico de Brian de Palma para su propio póster.
Hill es capaz de construir una caracterización compleja aun sobre parámetros simplistas y le da razón de ser a la película. Teller asume la ingrata tarea de ser el “hombre normal”, diseñado para que la audiencia se identifique con él. Eso quiere decir que es terriblemente aburrido. El director se apropia del tono de Goodfellas (1990), clásico filme de Martin Scorsese. La narración en off de David viene desde un futuro, sugiriendo distanciamiento de sus acciones. El director congela la imagen, salta en el tiempo y llena su banda sonora de canciones populares en clave irónica. Sin embargo, Phillips no es Scorsese. Sus imágenes son planas y desinspiradas. No tiene la expresividad visual ni empatía para encontrar la humanidad de sus bribones.
Phillips quiere ser tomado en serio, pero Amigos en Armas comparte el espíritu de sus comedias pasadas. El trabajo de David como masajista abre la puerta a chistes homofóbicos.
Las mujeres —o más bien, LA mujer— tiene un papel marginal y decorativo. El único personaje femenino con alguna consecuencia es Iz (Ana de las Armas). Ella parece no tener más ocupación que esperar a que el hombre llegue a casa. Su embarazo aumenta la presión para que el hombre se gane la vida, y después, lo molesta con sus tendencias pacifistas. Iz no tiene identidad propia más allá de ser un accesorio. Puede ser que en la vida real la esposa de Packouz tuviera un perfil similar, pero la domesticidad anticuada de este personaje, aunada a la cosificación que Efraim ejerce sobre las muchachas que entran en su órbita, ponen en evidencia una reaccionaria política de género.
Compare con el tratamiento que Scorsese prodiga al personaje de la esposa de Henry Hill en Goodfellas y la volátil interpretación de Lorraine Bracco. Aunque la mujer exista en circunstancias opresivas, el director que se lo propone puede tratarla como un ser humano autónomo, con su propia vida interna. Pero en el mundo de muchachos de Amigos en Armas, el crimen y la misoginia son una travesura más que celebrar.
