Golpe de Estado

La caída de todo “hombre fuerte” comienza el día que este asciende al poder. Y la verdad dicta que cuando no caen físicamente, se derrumban —póstumamente— ante los ojos de la historia.

La caída de todo “hombre fuerte” comienza el día que este asciende al poder. Y la verdad dicta que cuando no caen físicamente, se derrumban —póstumamente— ante los ojos de la historia. Yo me suscribo a la idea que hay un momento decisivo en el que un número de factores convergen para determinar el comienzo del fin de los gobiernos de carácter dictatorial.

A manera de ilustración vale destacar la convergencia de tales factores en los años setenta en Nicaragua y como los percibió el general Anastasio Somoza Debayle desde su exilio.

Un año después de su derrocamiento, en 1980, el general Somoza escribió un libro titulado Nicaragua Betrayed (Nicaragua traicionada, en español). El mismo título del libro insinúa que él no se siente responsable de su propio final político. Por lo tanto es oportuno considerar algunos factores que atormentaban a Somoza en ese momento y la forma en que guarecía sus responsabilidades por acciones positivas u omisión.

En la forma más amplia, Somoza habla con convicción que el presidente estadounidense Jimmy Carter traicionó a Nicaragua. Asimismo lo acusa de estar arrastrando al mundo libre hacia un eclipse político cataclísmico que habría de traer oscuridad a los pueblos libres en todas partes del mundo. Sin embargo, él mismo describe los múltiples factores que al ir convergiendo lo llevarían a un inminente final. Y todo comienza en diciembre de 1972.

Somoza reflexiona sobre las acusaciones de corrupción —contra su persona— en el manejo de la masiva ayuda internacional recibida después del terremoto que destruyó Managua, el 23 de diciembre de 1972. La oposición política nacional, el subsecretario de Estado para asuntos internacionales de los Estados Unidos, elementos de los medios estadounidense, todos confabulados contra él.

El depuesto general hace recuento de las dificultades que encontró con la Iglesia católica nicaragüense y con el entonces obispo Obando Bravo, quien pretendía encargarse de la distribución de la ayuda a los damnificados; las dificultades con el sector empresarial porque insistentes requerían el permiso de reconstruir en el centro de la capital donde sus propiedades —antes del terremoto— habían sido extremadamente valiosas; las dificultades con la Cruz Roja Internacional porque esta reclamaba autonomía.

Así, una serie de factores cumulativos, acelerados y convergentes se van añadiendo a las memorias del general Somoza, dentro del difuso escenario de una realidad que produjo un período de inestabilidad, incertidumbre y muerte.

En diciembre de 1974, un grupo armado del casi extinto Frente Sandinista asaltó la residencia de su amigo, el doctor José María Castillo, quien ofrecía una fiesta de despedida al embajador estadounidense. Terrorismo en Managua, se titula ese capítulo en el libro de Somoza. El anfitrión, asesinado. El Gobierno pagó rescate, liberó a un número de prisioneros que incluía a Daniel Ortega Saavedra, proveyó el avión que trasladó a los terroristas a Cuba.

En medio de la creciente inestabilidad el presidente estadounidense Jimmy Carter, en 1977 anuncia la suspensión de toda ayuda militar a Nicaragua. Escasos meses más tarde, Somoza sufre un ataque cardíaco a medida que la propaganda y actividad sandinista encuentra espacio en algunos medios internacionales.

En enero de 1978, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal es asesinado y el mundo culpa a Somoza por su muerte. Unos meses más tarde, doce nicaragüenses notables se unen para exportar el concepto de legitimidad sandinista. Así, Somoza continúa exhibiendo una lista interminable de factores que él ve acelerar como un vehículo inmenso que no lleva frenos: actos terroristas, ofensivas militares auspiciadas por países vecinos, conspiración comunista internacional y el proyecto de resolución de la OEA que declara el “inmediato y definitivo remplazo del régimen somocista” y pone a Somoza en el exilio.

Muchos nicaragüenses ya vislumbran al presidente inconstitucional Daniel Ortega en el exilio. Con una simple movida Ortega deshonró al Ejército; alejando a uno de los suyos de la simbólica vicepresidencia, designando a su esposa como próxima vicepresidente. Asuntos de familia y de guardia pretoriana, parece afirmar Ortega.

En estos momentos decisivos, al contrario de Somoza, el número de factores que habrían de converger para determinar el principio del fin de Ortega podría ser muy corto. Y el título de sus memorias podría ser: Golpe de Estado.

El autor es economista y escritor

Columna del día golpe de Estado Nicaragua Somoza archivo

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COMENTARIOS

  1. Pancho Madrigal
    Hace 10 años

    Los delincuentes vestidos de azul y los soldaditos de plomo correran la misma suerte que el dictador ortegaSomoza de Murrillo. Seran enjuiciados, sentenciados y encarcelados por todos los crimenes cometidos. Ambas organizaciones seran abolidas una vez que Nicaragua sea liberada de las garras del partido de las cuatro letras. Esto es ya un camino irreversible. Cada quien escoge su destino.

  2. el carolingio
    Hace 10 años

    Los militares no tienen por que correr la suerte de Ortega tienen tiempo de reflexionar para cortar por lo sano

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