Dolor de patria

Por 32 años la añoré terriblemente. La nostalgia me inspiraba y los recuerdos de los atardeceres en el mar o los amaneceres en la hacienda, me invadían el alma

Después de 32 años de exilio, regresé a mi patria. La dejé ensangrentada, con los puentes destartalados, las paredes pintarrajeadas de grafiti barato de ocasión y más caudal en los ríos, por las lágrimas de las madres que perdieron a sus hijos peleando en una guerra sin razón ni sentido.

Entre esas lágrimas, también hubo mías.

Por 32 años la añoré terriblemente. La nostalgia me inspiraba y los recuerdos de los atardeceres en el mar o los amaneceres en la hacienda, me invadían el alma. No importaba en qué lugar del mapa me encontrara; siempre la llevé conmigo. Y conmigo llevé siempre la esperanza de regresar.

Mientras llegaba ese día del retorno a la patria, mi esposo y nuestros cinco hijos, la visitábamos cada año; bajo balas, con los supermercados llenos de bacinillas plásticas o aceites rancios, según la escasa y deplorable donación que llegaba al país; recorriendo mercados en busca de queso seco o alguna pieza de pollo y hasta me tocó en un viaje, andar los billetes en bolsas de papel kraft. El córdoba no valía nada y pagábamos según el peso de los billetes, o calculado por lo que alcanzara en la mano.

Mas luego en el calendario, la democracia quiso regresar y el país comenzó a convalecer de las heridas de la guerra. Las carreteras fueron pavimentadas, las casas pintadas, los supermercados mejoraron y ya no hacíamos fila para el queso o el pollo. Poco a poco, Nicaragua se desperezaba, dos pasos para adelante y uno para atrás, y cada vez que la visitaba, mi entusiasmo por regresar era más profundo. Sentía una brasa prendida en el pecho; un dulce ardor que no hacía daño. Una especie de calor que mantenía despierto ese deseo mío de patria.

Y así pasaron 32 años hasta que mi sueño se cumplió hace ya cinco años. Con mi esposo retirado después de hacer carrera en una transnacional y los hijos independientes, graduados, casados y bendiciéndonos la vida con la llegada de los nietos, la oportunidad de regresar se nos dio.

Felices y entusiasmados, empacamos nuestro menaje. Sería nuestra décimo octava mudanza en 32 años. O sea que en el exilio nos mudamos 17 veces por razones de trabajo:  17 casas, 17 colegios, 17 vecindarios, 17 parroquias, 17 comienzos, 17 despedidas. Una más y ya, pensé. Y esta será fácil, la más fácil de todas, porque vamos a nuestra tierra, a nuestra misma casita de recién casados que dejamos, al mismo vecindario, y lo mejor de todo, a gozar de nuestro trozo de mar.

Hoy, después de cinco años de vivir la patria, de sentirla, de olerla, de palparla… ¡Qué dolor de patria tengo! Qué tristeza es verla reflejada como en un espejo en las andadas aquellas, cuando un dictador creyó que Nicaragua era su hacienda. Pareciera querer regresar a aquel punto que llevó a miles de nicaragüenses al exilio y a miles más a la tumba. ¿Para qué? ¿Qué pasó con tanta muerte? ¿Acaso fue en vano todo? Porque lo que ahora tenemos es peor que lo que había hace 37 años.

Y me pregunto cada mañana, si era yo más feliz cuando en exilio, añoraba los verdes prados de la patria con sus crepúsculos. Porque verla ahora marchitarse entre las  bambalinas de una tétrica obra de teatro, que supera cualquier caricatura monárquica o dictatorial jamás vista en la faz de la tierra, duele.

No regresaré al exilio, sin embargo, me siento exiliada en mi propia patria. Mi Nicaragua ya no es la misma y nunca lo será. Y si algo queda de ella en mí, es la sal… la sal del mar, mi refugio, la sal de las lágrimas, los muertos.

Por esa ventana al mar, respiro; me escapo de la asfixiante politiquería, de las injusticias, de los cartelones y mantas que afean la capital, de los horribles palos de lata y de la nueva y recién estrenada obra de teatro… si no, me ahogaría entre tanta lágrima por el dolor de patria que siento y presiento a mi alrededor.
“Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en las lágrimas y en el mar”,  Khalil Gibran.

La autor es escritora

Columna del día Nicaragua patria archivo

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COMENTARIOS

  1. Sonia M. Galvez
    Hace 10 años

    Regrese hace casi dos anos despues de estar ausente 35 anos. Nicaragua es linda, fue linda y seguira siendo linda. Lo que resentimos (algunos) son las personas (si se les puede llamar asi) con el cerebro lavado, aquellos que se conforman con una hoja de zinc y los chicheros en el parque los sabados. Esos a quienes despreciamos por creerse personas y no son mas que zombies acomodados a que les regalen un nacatamal para ir a votar por esos payasos jinchos que NOSOTROS, los que nos fuimos, ayudamos a subir a este par de mamarrachos, verguenza de Nicaragua. Un triste ejemplo, los policias a montones, multando a la gente para irse a comprar su baho y su cacao! Pobre mi Nicaragua, linda y desangrada!

  2. Carlos Rojas
    Hace 10 años

    Dios salve a Nicaragua , para que la herida no sea mortal, que aunque el diente felino está incrustado en su carne , la misma sangre del real Sandino reverbere y siga inmortal !

  3. Thelma R. de Espinoza
    Hace 10 años

    Preciosa evocasión de una Nicaragua, que vive en los recuerdos y en el corazón de todo aquel que siente ese dolor de Patria y de todos aquellos que en su momento tuvimos que irnos al exilio dejando nuestra familia fragmentada y con la incertidumbre de si nos volveriamos a ver. Los que hemos podido regresar nuevamente a nuestra Patria con muchas ilusiones y deseos que tristemente se van desvaneciendo con cada acontecimiento negativo ordenado por nuestros gobernantes y que no ayuda mucho a nuestra amada Nicaragua. Pudiera decir más, pero avalo lo que la Sra. Lourdes Chamorro ha dicho: Nicaragua Jamas volvera a ser la misma!!!

  4. Mario
    Hace 10 años

    Me encanta su comentario, mi respeto

  5. Danilo
    Hace 10 años

    Excelente radiografia de la realidad Nicaraguense, pero no hay que perder de vista, que el mismo Pueblo no es el mismo que conocimos o heredamos de nuestros Abuelos, este nuevo individuo sin valores es el nuevo hombre que crearia la Revolucion, segun uno de sus comandantes prometian crear un nuevo revolucionario, hoy vemos el resultado en las calles, en las esquinas de todos los pueblos y ciudades, los Jovenes y mayores unos pidiendo para beber y otros robando.

  6. Omar Urcuyo
    Hace 10 años

    Llevo 40 años en el exilio, soñando con regresar a Nicaragua, día a día veo como el país está sumergido en el atraso , la pobreza, la humillación , la burla y sobre todo como han pisoteado la dignidad de las personas por el deseo de la ambición y poder de unos cuantos retrasados mentales que solo ven su propio interés. No miran hacia adelante , hacia las futuras generaciones, solo piensan en ellos, ese ha sido el objetivo del sandinismo, hoy emerge una nueva dictadura dispuesta aplastar a toda Nicaragua. Nunca les importo la sangre derramada antes, durante y después de la guerra, nunca les importo la pobreza y el sufrimiento de millares de nicaragüenses, nunca les importo el exilio antes , durante y después de la guerra, solo les ha importado LA SOBERBIA Y EL ORGULLO.

  7. Harold Cedeno
    Hace 10 años

    Me gustó y la entiendo perfectamente bién. Es frustrante ver todas las cosas que pasan en Nicaragua. Recorrer sus calles y encontrarse por todos lados los carteles con fotos de Ortega y su mujer, resulta totalmente repugnante. Produce una impotencia desmedida, que dan ganas de llorar de tanta impotencia frente a los actos de la pareja. Ojalá y ese mal se acabe pronto.

  8. Jose Machado
    Hace 10 años

    Magnifica reflexion, muy apegada a una realidad que vivimos miles de exiliados nicaraguenses.

  9. nicoya
    Hace 10 años

    Nadie vive en el pasado

    1. Jaime Gomez
      Hace 10 años

      Nadie lo discute. La cuestion es recordar el pasado para no cometer los mismos errores. Por ejemplo: Somoza fue un dictador, fraudulento y corrupto, pues como vemos las cosas, Ortega esta cometiendo lo mismo sin vivir en el pasado, o sea en tiempo presente.

  10. Edmund Dantes
    Hace 10 años

    Lo que bien anota Lourdes, pero dicho en forma mas llana es que si los presidentes y gobiernos son un reflejo de la calidad de su poblacion, lo que la Nicaragua de hoy refleja es el horror de que casi todos nos convertimos en Ortega-Chamucos…!!!….nos convertimos en un pais sin clase ni agallas que tuvo un chance en 1990 de agarrar la libertad de la democracia, y la perdió….porque no supo defenderla.

  11. Ricardo Barreto
    Hace 10 años

    Me encantó su artículo, comparto sus sentimientos respecto a la patria de nuestras mentes, pero difiere de la real por una dictadura barata, de mal gusto y santerías. Y lo otro que es decepcionante, es ver a hombres lamer traseros de otros políticos como que estuviesen en el mejor de los restaurantes, que falta de hombría.

  12. Jose Carlos Mejía
    Hace 10 años

    La autora exhibe muy buen recurso literario para dar a conocer una realidad terrible. Me gustó mucho el artículo. Sólo el que ha vivido afuera añorando el terruño, pera luego desencantarse por una corrupción peor a la anterior podrá entenderlo a plenitud.

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