La discriminación por el hecho de ser hombre o mujer ha calado en la manera de comportarse.
Lo grave es que las personas se lo han creído y van repitiendo inconscientemente y esto se ha prolongado llevando la voz cantante ambos, hombres y mujeres.
Por ejemplo, se ve en los colegios o en los barrios cómo se discrimina a las niñas, se unen los niños para estar en contra de ellas, para burlarse y ponerlas en posición de desigualdad. Aunque en la actualidad existen oportunidades para que las mujeres practiquen algunos deportes.
Cuando a una niña se le despierta el deseo de practicar un deporte se le ve como “rarita” y la sociedad murmura. La critica de “marimacha”. Es censurada de poco femenina.
Si gusta desarrollar los músculos, la ven como a un hombre, si va al estadio es a hacer barra porque hay que aplaudir a los hombres en el campo.
Recuerdo en mi bella ciudad natal Matagalpa hace unas cinco décadas, que no es mucho, vi a una vecina conduciendo un lindo carro, pues fue tal el asombro que fue mencionada por todos los rincones de la ciudad y más allá de los límites, se corrió el rumor como polvo en verano.
Era lógico, solo los hombres conducían vehículos y esto se ha prolongado hasta hoy, porque si una mujer comete un mínimo error en la vías de la ciudad le gritan “¡dejaría de ser mujer! ¡Qué desprecio!”
Esto me ha llevado a hacer esta reflexión sobre el machismo y quienes lo han creado.
Tanto hombres como las mismas mujeres deben estar conscientes de lo que son. Solo cambiarán su forma de pensar y de actuar si evitan el machismo.
Todos somos iguales.
Los espero en mi correo [email protected]