Ahora es cómodo ver a Jake Arrieta convertido en una luminaria en el beisbol de las Grandes Ligas con Chicago. Y resulta difícil imaginar siquiera, que detrás de ese feroz competidor, hay una historia de tropiezos que llevó a los Orioles a cambiarlo.
A Erasmo Ramírez nunca se le consideró un prospecto, pero con sus números atravesó veloz por las Ligas Menores, antes de ir a frenarse con Seattle, donde no se le brindó un ambiente cómodo y se afectó su confianza.
Y así, el beisbol está lleno de historias de peloteros que eran portadores de prometedoras expectativas, que en su momento se estancaron, pero luego han llegado a florecer en otros equipos, donde se sintieron confortables.
¿Cómo se sentirá ahora en Anaheim Juan Carlos Ramírez? Ojalá que bien. Una buena señal es el hecho que el mánager de los Angelinos, Mike Scioscia, echó mano de él a la primera oportunidad que tuvo, aunque el pinolero no inició propiamente bien.
“Yo tuve problemas con el coach de picheo en los Orioles”, afirmó Arrieta, cuando se le preguntó sobre semejante transformación. “Trataba de que fuera alguien que realmente no era. Imaginen lo difícil que es reinventar la mecánica ante los mejores competidores del mundo”.
Ramírez parecía cómodo en Cincinnati, pero uno no conoce interioridades sobre las relaciones con entrenadores y timoneles. Una prueba clara del impacto de este rubro es Erasmo. Pareciera que jugó siempre para Tampa. Se le ha tratado bien y él ha respondido produciendo.
Juan Carlos tiene el material para impactar en las Mayores. Los lanzadores de 100 millas no están ahí en cada esquina. Solo hace falta que se sienta cómodo y que él confíe en sus habilidades.