Efectos de las pantallas
Gonzalo Cardenal M.

Matrimonios centrados en Cristo

Una reciente investigación sociológica sobre la paternidad entre cristianos de los Estados Unidos (EE. UU.), hecha por Barna Group, arrojó la siguiente realidad:

1. Los padres cristianos tienden a poner más énfasis en que sus hijos obtengan una buena educación profesional en la que lleguen a la adultez como seguidores de Cristo.
2. Los cristianos en los EE. UU. no muestran mucha diferencia con el resto de la población en ningún tema.
3. Los creyentes no capacitan a sus hijos a pensar y actuar diferente a los demás por su fe en el exceso de bebidas alcohólicas, cohabitación, adulterio, divorcio, el juego y otros comportamientos antibíblicos. Son (estadísticamente hablando) exactamente iguales al resto de la población.

Ante esta realidad norteamericana me pregunto: ¿estaremos en Nicaragua en esa misma situación? Y por mi apreciación basada en mi observación me atrevería a afirmar que sí. Por lo menos en algunos sectores importantes de nuestra sociedad.

Mi experiencia como educador de un colegio cristiano me llevó al convencimiento de que casi siempre los alumnos problemas venían de familias en problemas. Padres divorciados o semidivorciados (viviendo juntos pero cada cual llevando su propia vida), y todos (o casi todos) considerando al cristianismo como algo saludable para los demás, pero no tanto para ellos. Critican o descalifican las normas de conducta morales que sus hijos están recibiendo en el colegio (cuando se enteran de lo que el colegio trata de inculcarles, o cuando sus hijos les reclaman por no actuar como cristianos). Los hijos reconocen que sus padres les dan todo lo que les piden, pero que casi nunca los ven, principalmente ahora que la madre también tiene que trabajar fuera del hogar.

Otra característica similar a la de los hogares norteamericanos es que cuando estos padres nicaragüenses se logran ocupar del desempeño académico de sus hijos lo hacen centrando su interés en las asignaturas científicas, menospreciando totalmente las morales, filosóficas y religiosas.

Mi consejo a estos padres es que arranquemos de nosotros esa cultura narcisista que nos está hundiendo, a nosotros, a nuestras familias, colocándome como el centro del universo. La verdadera guerra es dentro de “mi” porque en vez de que el centro lo ocupe Cristo y las personas que nos rodean, lo ocupa “mi persona”, “mis intereses”, “mi comodidad”.

Obviamente cuando las familias centran sus vidas en esa clase de “centro”, otros principios tienen que ser desechados, echados cada vez más lejos del centro, echados al olvido. Y es que no se puede tener a dos “Señores” en la vida. Hay que escoger el uno o el otro y atengámonos a las consecuencias de cómo escojamos.

Porque lamentablemente yo creo que los colegios no pueden hacer mucho en la preparación moral y de responsabilidad social y ciudadana de sus alumnos con padres como los que acabamos de describir. Se necesita urgentemente en ellos una conversión a Cristo, formación espiritual adulta y ser bautizados en el Espíritu Santo, para ir logrando una vida realmente centrada en Cristo. Y una vez que hayamos tomado esa decisión, necesitamos averiguar cómo hacerlo, porque requiere educación y conocimiento el poder ir deshaciéndonos de los antivalores que nos bombardea constantemente el mundo contemporáneo.

¡Qué saludable y beneficioso sería que no solo los individuos, sino los matrimonios, las familias, las asociaciones de padres de familia, y toda la comunidad educativa, se juntaran e hicieran un “examen de conciencia”, analizando nuestro comportamiento, nuestras prácticas, nuestras prioridades, nuestras decisiones, como grupo, como matrimonio, como familia y como comunidad!

El auto es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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Opinión
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