El Centro Carter rechazó las ofensas que profirió Daniel Ortega contra todos los organismos y personas que practican la observación electoral internacional.
A diferencia de la Unión Europea (UE), cuya representación en Nicaragua aguantó con “prudencia diplomática” los insultos de Ortega, el Centro Carter reaccionó con un comunicado en el que con lenguaje de altura, pero directo, lo puso en su lugar.
En realidad, para rechazar la observación electoral internacional a pesar de que está contemplada en la Ley Electoral de Nicaragua, Ortega no necesitaba ofender a los observadores extranjeros que se dedican a esa labor legítima y genuinamente democrática, que se ha venido practicando en Nicaragua desde las elecciones de 1990.
“Observadores sinvergüenzas”, los insultó en su discurso en el congreso del FSLN, el sábado 4 de junio, un Daniel Ortega que parecía estar fuera de sus cabales y muy lejos del comportamiento y lenguaje propio de un gobernante, mucho menos de un estadista.
Ortega no mencionó específicamente al Centro Carter, solo a la Unión Europea, la OEA y los embajadores extranjeros que han opinado sobre la conveniencia de la observación electoral y la disposición de practicarla otra vez en Nicaragua, si el gobierno los invitara. Sin embargo, Ortega arremetió con sus insultos contra todos los observadores internacionales, incluyendo al Centro Carter, el cual, como lo dijo este mismo organismo no gubernamental en su comunicado del 7 de junio, ha observado más de cien elecciones en el mundo incluyendo cuatro en Nicaragua (entre 1990 y 2006), “con integridad y apoyo a las normas democráticas”.
El Centro Carter y personalmente su fundador y guía, el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter, han sido muy comprensivos con Daniel Ortega, desde que este era el líder principal de la dictadura sandinista de los años ochenta, lo mismo que en los períodos siguientes. Por eso Carter ha sido criticado por algunos sectores democráticos del país. No merecía, pues, el Centro Carter, ser tratado de modo tan grosero por el dictador nicaragüense.
Tiene razón el Centro Carter al decir en su comunicado, que “en su ataque a la comunidad internacional, el presidente Ortega rechazó la oportunidad de confirmar la adhesión de Nicaragua a las normas democráticas para los procesos electorales que proporcionan garantías a los ciudadanos y fomentan la participación”. A lo cual, agregamos nosotros que Ortega terminó de rechazar esa oportunidad, con la resolución de su poder judicial que saca del juego electoral al PLI y la Coalición Nacional por la Democracia, que es la única o principal representación opositora en el país.
Lo que ha confirmado Ortega es su adhesión a la barbarie política del autoritarismo, augurándole a Nicaragua desgracias que no deberían volver a ocurrir. Él sabe que las dictaduras siempre se derrumban, después de causar grandes daños a la nación.