Uriel Pineda Quinteros

La observación electoral en México

El pasado 5 de junio tuvo lugar en la Ciudad de México la elección de 60 diputados, quienes junto a otras 40 personas designadas por el presidente de la República, el Congreso de la Unión y el jefe de Gobierno del abrogado Distrito Federal, tendrán la responsabilidad de redactar la primera Constitución Política de la Ciudad de México. Este proceso resulta paradigmático por ser inédito y por el papel de las candidaturas independientes, pero resulta de mi interés particular destacar la apertura existente hacia la observación electoral.

Atendiendo la invitación del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), me involucré en el proceso de observación electoral, al cual se sumaron organizaciones de sociedad civil, ciudadanos por cuenta propia y expertos procedentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Paraguay, Perú y República Dominicana entre otros, con quienes tuve la oportunidad de compartir.

Cuando no existe nada que ocultar, no hay problema con que el proceso sea observado por quien desee hacerlo. La total apertura a la observación electoral en México ha sido sin duda una conquista democrática que hoy permite a cualquier persona inscribirse como observador dentro de su centro de votación a título individual o bien, le permite a las organizaciones de sociedad civil observar sin cuestionamientos por parte del órgano electoral. El proceso es tan abierto, que cualquier ciudadano extranjero residente puede inscribirse como observador extranjero.

El IEDF, previo a la jornada electoral, concertó un encuentro entre los partidos políticos y los candidatos independientes para que estos expusieran los obstáculos que habían enfrentado durante todo el proceso electoral. En este encuentro los observadores internacionales tuvimos la oportunidad de preguntar y profundizar sobre aspectos relacionados con la contienda.

Durante la jornada, los observadores internacionales nos trasladamos a las oficinas de los diferentes distritos electorales, donde preguntamos libremente a los encargados sobre los incidentes presentados durante la instalación de las casillas electorales. En mi caso particular, verifiqué que en dos distritos electorales con más de mil casillas electorales, que solamente cuatro no abrieron a la hora indicada, pero en las dos primeras horas de la jornada aperturaron.

En igual sentido, en los recorridos pude entrevistar con la misma libertad a los funcionarios de casillas, representantes de partidos y hasta los votantes, quienes se expresaron con agrado porque nos identificaban como defensores de su derecho al voto. Incluso tuve la oportunidad de ver como las autoridades electorales atendían inconformidades de los ciudadanos durante la jornada.

También acudí a la Fiscalía Especializada para la Atención a Delitos Electorales (Fepade) en cuyo centro de atención telefónica escuché una llamada real sobre denuncia de compra de votos y vi cómo la funcionaria levantó su queja y contactó a otras autoridades ubicadas en la zona para que atendieran de inmediato la situación.

Por último, presencié el conteo de votos en una casilla electoral, el llenado del acta, la publicación de los resultados de esa casilla en las afueras de la escuela y el envío de una fotografía del acta que hizo la asistente electoral por medio de una aplicación en su celular al centro de cómputo.

Al día siguiente, la discusión en las calles era quien había ganado o cuanta gente había participado, pero nadie cuestionó que se hubieran contado mal los votos. Mi labor como observador no ha concluido, debo preparar un informe sin más limitación que la extensión, mismo que estará disponible en línea en la página del IEDF. Considerando la historia de México, dudo mucho tengamos mayor “vocación antimperialista”, lo que queda claro es que el compromiso de los órganos electorales con el respeto al voto se aprecia en la apertura a la observación electoral nacional e internacional.

El autor es maestro en Derechos Humanos.

Opinión
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