La ruta de la energía

Los reportajes especiales sobre la problemática energética en Nicaragua, publicados en ediciones anteriores de LA PRENSA, han mostrado los tres destinos de la que podemos llamar ruta de la energía, es decir, de la política que en ese sector infraestructural ha aplicado el régimen actual.

El primero de esos destinos fue poner fin a la crisis energética que sufrió el país hasta finales del gobierno de don Enrique Bolaños, crisis que pudo ser resuelta por este de no haber sido porque el PLC y el FSLN se coludieron en la Asamblea Nacional y en la Contraloría, para impedirlo.

El segundo fue la creación del gran negocio energético que ha beneficiado a unos cuantos, pero sobre todo a Daniel Ortega y su entorno familiar y político, que en muy poco tiempo se convirtieron en poderosos magnates en el segundo país más empobrecido de las Américas.

Y el tercer destino de la ruta de la energía es el que llevó a la conformación del poder orteguista absoluto, como Ortega no lo hubiera imaginado ni en sus mejores tiempos de comandante principal de la revolución sandinista.

Reflexionando sobre la desmesurada acumulación de riqueza en manos de Ortega y los suyos, gracias al control del negocio de la energía, se nos hace inevitable vincular los reportajes energéticos de LA PRENSA con el libro de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: Estirpe Sangrienta: Los Somoza. Sobre todo con el capítulo VII de dicho libro, titulado Pasado y futuro, en el cual el doctor Chamorro Cardenal escribió que el vicio de Anastasio Somoza García por el ejercicio del poder “no tenía límite de ninguna clase; para él lo esencial era sobresalir en todo; mandar, aunque fuera contra la razón y la lógica… mientras amasaba una fortuna inmensa, que ninguno de los otros capitalistas del país había siquiera soñado”.

Ese libro del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue publicado en 1957, pero su crítica a Somoza García pareciera haber sido pensada y escrita en alusión al dictador de la época actual, Daniel Ortega, adicto también al vicio del poder absolutista y de la utilización del Estado para el enriquecimiento personal y familiar.

La única diferencia entre ellos es que Ortega tiene mucho más poder que Somoza García, ya que este último jamás tuvo tanto control sobre los poderes legislativo y judicial, gobiernos municipales, tribunal de cuentas y medios de comunicación, ni redujo a una mínima expresión a la oposición como lo ha hecho Daniel Ortega.

Gracias a su poder energético, Ortega es —por ahora— prácticamente invencible. Cabe imaginar lo que podría ocurrir en el país si se cumpliera la maldición de Tomás Borge, de que el Frente Sandinista tiene que hacer todo lo que sea con tal de no volver a entregar el poder. Ortega utilizaría su gran poder energético para impedir el funcionamiento de un nuevo gobierno democrático.

Paralizaría al país. Sería peor que en los años noventa, cuando ejecutaron la estrategia de “gobernar desde abajo”.

Pero afortunadamente esas maldiciones no se cumplen. El curso de la historia es inexorable y más temprano que tarde Nicaragua volverá a ser República.

Editorial Nicaragua archivo
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