La revista judía en internet Estado de Israel publicó el 24 de abril pasado el artículo Animales fantásticos en las Escrituras, en el cual se dice que las referencias al mundo animal en la Biblia cumplen a veces un papel literal y a veces un rol simbólico: “Seres de carne y realidad aparecen en página bíblicas al lado de animales míticos, de fantasía, de fábula, listos a ser fabulados”.
Algunos de los animales fabulosos que aparecen en la Biblia (propiamente en el antiguo testamento) tienen su equivalente en la mitología griega, lo que hace suponer que tienen un origen común. Por ejemplo, en el artículo al que hago referencia se menciona al Cockatrix, animal fabuloso que los profetas Isaías y Jeremías utilizaron para comunicar sus visiones proféticas, según la publicación.
El Cockatrix es llamado Basilisco en español, dice Becky Rubin, autora del artículo que fue publicado originalmente en el portal mexicano intelectohebreo.com.mex. Explica que “según la leyenda (el Cockatrix es) nacido de un huevo empollado por una serpiente. De sus fauces surgen llamas flamígeras que incendian arbustos, que pulverizan rocas. Potente es su veneno: Plinio (historiador y naturalista romano del siglo I de nuestra era) atestigua la muerte de un caballero a través del veneno del basilisco que viajó a través de su espada. Y sin embargo, dicho animal de fábula cae inerme frente a la presencia de un gallo de carne, plumas y hueso”.
Acerca del nombre del Basilisco el mitólogo español José Antonio Pérez-Rioja aclara que deriva del griego basiliskós (que quiere decir reyezuelo) y lo describe como un “animal fabuloso —mitad gallo, mitad serpiente— que, según la tradición, mataba simplemente con la mirada”.
Becky Rubin cita textualmente de la Biblia a Jeremías 8:17, que dice: “Cuidado, yo les enviaré serpientes y basiliscos que no podrán ser encantados, que te morderán, dijo el Señor”. Cabe señalar que en otras traducciones de la Biblia que he visto y consultado, en vez de la expresión basiliscos se utiliza la de “serpientes venenosas”.
Rubin menciona también al monstruo llamado Leviatán, del que dice literalmente que es un “animal mítico, para la Creación. Macho y hembra, como cualquier pareja, su peligrosidad orilló al Creador a exterminar al exponente femenino. Todo en el Leviatán es magnífico: magnífica su sed, que apenas logra calmar con las aguas del Jordán; magnífica y furibunda su hambre: tan solo la sacia un pez creado para sus magníficas pretensiones. En cuanto a sus ojos, son tan enormes que iluminan el mar”.
Entre los animales fantásticos que aparecen en la Biblia incluye también al Sátiro, al que “Isaías lo cita cuando habla de la destrucción de Babilonia e Idumea (Is. 13:21). Sus casas, escribe, estarán infestadas de temibles criaturas; lechuzas las habitarán y sátiros danzarán en ellas”. Y agrega que “Isaías en otro pasaje, nos dice: ‘Las bestias salvajes del desierto se enfrentarán con las bestias de la ínsula y el sátiro chillará a sus compañeros’” (Is. 34:14).
Considera Becky Rubin que el sátiro de la Biblia “tal vez apenas se parezca al sátiro de los griegos”. En realidad, en la mitología griega los sátiros no son propiamente animales, sino divinidades de los bosques que acompañan a Dionisios (el dios Baco de los romanos). El cuerpo de los sátiros es peludo y tienen cachos, patas y orejas de cabra, se comportan con insolencia y acosan a las hermosas ninfas de los bosques.
También el Unicornio griego aparece en la Biblia, según Rubin con el nombre hebreo de Reem. Pero el unicornio que se menciona en la mitología griega es un caballo pequeño y blanco, su cabeza de color rojo oscuro, los ojos de azul intenso y tiene un cuerno en la frente. En cambio, el unicornio bíblico es, dice Rubin, “una bestia de gigantescas dimensiones, además de temible. ¿Qué sería del mundo si existieran más de una pareja en un tiempo dado? Peligraría el mundo, se nos responde, de ahí que se limite su reproducción. Los unicornios se aparean cada setenta años. Mientras tanto, habitan parajes separados. La unicornio hembra permanece encinta 12 años: al dar a luz unos mellizos, muere; los recién nacidos se separan, como sus progenitores, para reencontrarse pasados setenta años”.
Finalmente habla de Tannin (la enorme ballena que se tragó a Jonás). La describe como un enorme pez: “Tal vez ballena, serpiente marina, dragón de las aguas, mas siempre bestia de los mares. Ligado a la historia de Jonás, quien permaneció en su vientre durante tres días y sus noches. (Jonás 1:17)”.