El comediante británico Ricky Gervais saltó a la fama gracias a la comedia de situaciones The Office, breve pero influyente serie de la BBC que se amplificó y se extendió a través de una versión norteamericana. Ahora, Gervais es más famoso por sus apariciones como anfitrión en la entrega de los premios Globos de Oro, donde se ha distinguido por moverse a contracorriente de las buenas costumbres de Hollywood: en lugar de agasajar a las estrellas con halagos, los insulta con chistes.
Su nueva película, Corresponsales Especiales, es un intento por reinventarse como una estrella tradicional, capaz de vender una película a un público saturado de opciones. Gervais produce, protagoniza y dirige. Su movida más audaz tuvo lugar antes de que las cámaras empezaran a rodar. En lugar de aliarse a un estudio, con sus patrones de distribución tradicional, aceptó una oferta de Netflix para estrenarla mundialmente a través del servicio por “streaming”. Por eso, no tendrá que esperar meses para ver si por los caprichos del mercado llega a su cine más cercano. Esta al alcance de sus dedos, si es suscriptor de Netflix.
Basada en la comedia francesa Envoyés Très Spéciaux (Frédéric Auburtin, 2009), la comedia de enredos sigue las vicisitudes de Frank (Eric Bana), un renegado periodista, y su técnico, Ian (Gervais), quienes toman un inesperado desvío camino a cubrir una guerra en Ecuador. Cuando Ian pierde sus pasaportes, deciden falsificar sus reportes desde el ático de un restaurante ubicado frente a su propia estación de radio. La charada se complica cuando fingen un secuestro, y Eleanor (Vera Farmiga), la ambiciosa esposa de Ian, inicia una campaña para recoger dinero en nombre de los “héroes”.
La película original establecía el teatro de operaciones bélicas en Iraq. Curiosamente, la nueva versión decide inventar un conflicto en Sudamérica, evadiendo cualquier posibilidad de que Corresponsales Especiales adquiera la cualidad de una sátira política. De hecho, Gervais parece tomar la decisión consciente de hacer que su comedia sea agresivamente superficial, a pesar de que su premisa le permitiría reflexionar sobre temas tan fecundos como la artificialidad de los medios, el colonialismo cultural y las tensiones sociales del mundo globalizado.
Su verdadera agenda es reforzar modelos tradicionales de masculinidad: Frank es apuesto, abrasivo y físicamente imponente. Ian es obeso, pusilánime y obsequioso. El primero no duda en seducir desconocidas. El segundo colecciona juguetes y cómics. Las mujeres pasan a segundo plano. Eleanor se dibuja como una arpía interesada. En el extremo opuesto, encontramos a Claire (Kelly Macdonald), colega dulce y virginal, que adora a Ian desde la distancia.
A este machismo light puede añadirle un poco de xenofobia racista. Todos los personajes son tontos, pero nadie más que Brígida (America Ferrara) y Domingo (Raúl Castillo). La pareja hispana administra el restaurante en el cual los periodistas se refugian. Aunque hablan fluidamente el inglés, son incapaces de entender la situación. Son como niños, bendecidos por inocencia en clave estúpida. Eventualmente, entra en acción una banda de grotescos “ecuatorianos”, violentos oportunistas que aparecen cuando los héroes terminan llegando al país que simulaban cubrir. Todo es tan absurdo que mejor hubieran inventando una nación, como “Idiotistán”.
Podemos encogernos de hombros, asumir que todo se vale en el nombre de la risa. Además, los actores son buenos e infunden vida en las caricaturas que se les asigna. Corresponsales, funciona como distracción, al menos hasta que sus prejuicios hetero normativos de primer mundo se vuelven demasiado obvios como para ser ignorados. Pero al menos, no tuvo que ir hasta el cine para decepcionarse.