Cuando el astro venezolano Félix Hernández debutó en Grandes Ligas en el 2005, su recta tenía un promedio de 96.3 millas por hora.
Once años después, su average no alcanza 90 millas (89.8) pero sigue convertido en un lanzador de élite. Su dominio no ha disminuido.
El año pasado, Hernández cerró con 18-9 y 3.53 en sus registros, a pesar de que sus disparos rápidos se movieron a un promedio de 92.1.
Es decir, de cualquier forma que se vea, hay una disminución en el poder, que es natural con los años. Tenía 19 entonces. Ahora 30.
No obstante, indicadores como promedio de ponches, rolas por elevados y ponches por boletos, sigue siendo de gran nivel, así que se ha adaptado.
¿Y qué pasa con nuestro Juan Carlos Ramírez, quien es capaz de rectas de hasta 98 millas y no es consistente, al grado que no se establece todavía?
Ramírez tiene poder, de eso no hay dudas. Su brazo está saludable. Lanza con tanta soltura que hasta parece que se está boleando.
Es más, su recta promedio pasó de 94.2 millas en 2013, a 95.9 average ahora. Pero sus problemas de control siguen y falta un envío secundario.
Este año, Ramírez tiene 0-2 y 6.48, luego de cinco intervenciones, en las que acumula 8.1 innings, con 10 hits, siete ponches y cuatro bases.
En su carrera, Juan Carlos tiene 56 innings lanzados, en los que poncha a 39, pero obsequia 30 bases. Esa relación base-ponche (1.75) no es buena.
Los lanzadores caracterizados, tiene más de 3.00 en ese sentido, es decir, ponchan a tres por cada base que regalan. Hernández tuvo 3.29 el año pasado y 5.39 en 2014.
A la recta de J. C. quizá le falta un detallito. Que se meta hacia el bateador o se aleje de él, que se hunda cerca del plato o se levante. Falta algo.
Siempre me pregunté cómo Cliff Lee dominaba con rectas de 92 millas y a Joba Chamberlain lo cargaban a palo a pesar de lanzar a 98.
El problema es que hay rectas sin movimientos, livianas y sin vida, que se quedan muy planas y los bateadores se anticipan y tienen mucho éxito.
J. C. tiene que revisarse y no solo en su habilidad, sino también en su estabilidad. A veces antes que en el brazo, el pegón está en la mente.
Lo esencial es que tiene salud, aún es joven y puede aprovechar la fragilidad de Cincinnati para establecerse, pero no puede dejar pasar el tiempo.
Twitter: @EdRod16